Presente y futuro de las personas en movimiento: respuestas sociales, cohesión y confianza - Fundación Cruz Roja Española
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La primera sesión, enmarcada en el ciclo 'Conversaciones Humanitarias generadoras de Futuro 2026', ha contado con especialistas del Consejo de Europa, la Oficina Nacional de Prospectiva Estratégica y Cruz Roja Española.
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Las personas expertas instan a cambiar el debate público, alejando el foco del control de fronteras para centrarse en la convivencia ciudadana, los derechos humanos, la resiliencia y el impacto demográfico.
La Fundación Cruz Roja Española ha celebrado la primera sesión de su ciclo Conversaciones Humanitarias generadoras de Futuro 2026, un espacio estratégico diseñado para la reflexión profunda y el intercambio de conocimiento multidisciplinar sobre los grandes retos sociales contemporáneos.
Bajo el título Presente y futuro de las personas en movimiento: respuestas sociales, cohesión y confianza, el encuentro analizó exhaustivamente el reto histórico de avanzar desde la primera línea de acogida institucional hacia la convivencia diaria y la construcción de un verdadero sentimiento de pertenencia en toda la comunidad, enmarcado dentro de un indudable escenario de transformación poblacional.
Tratándose, además, de un acto de difusión de la Acción concertada para la Protección Internacional y la Atención Humanitaria con el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, en el que se puso en valor la capacidad de acogida e integración de ambos sistemas.
El evento fue moderado por la periodista de RTVE y especialista en información internacional y migraciones, Ebbaba Hameida. Para introducir de manera personal y directa la jornada, Hameida recurrió a sus propias raíces, recordando su nacimiento en los campamentos de refugiados de Tinduf. Con ello, logró humanizar desde el inicio la inmensa dificultad que supone para cualquier ser humano dejar toda su vida atrás y verse en la obligación de aprender a vivir en entornos y sociedades desconocidas.
Hameida subrayó que la movilidad ha sido siempre el motor histórico de nuestro desarrollo, pero advirtió que actualmente estas dinámicas transformaciones están reconfigurando nuestras condiciones materiales y pueden generar peligrosas expresiones de desigualdad, exclusión y fragilidad social.
Qué tipo de sociedad aspiramos a construir
El panel de especialistas reunió a tres voces de referencia en el sector: Josep Lobera, director de Prospectiva Estratégica y Asesoramiento Científico del Gobierno; Gemma Pinyol-Jiménez, experta del Consejo de Europa en el proyecto Intercultural Cities y coordinadora de la Red de Ciudades Interculturales (RECI); y José Javier Sánchez Espinosa, director del Área de Migraciones de Cruz Roja Española.
En su intervención inicial, Lobera destacó que abordar este fenómeno global implica revisar los marcos de nuestras identidades nacionales.

"Nuestra identidad es la gente resiliente que supera situaciones y que quiere un modelo de convivencia".
— Josep Lobera.
Por su parte, Pinyol-Jiménez apuntó que las migraciones son estructurales e inherentes a la forma de nuestras sociedades, por lo que el debate público ya no nos obliga a cuestionar el fenómeno en sí, sino a preguntarnos urgentemente "qué tipo de sociedad queremos ser". Abogó por construir una sociedad plenamente democrática, cimentada en el estado de bienestar y la convivencia comunitaria.

"Para mí el debate no es la inmigración, es qué tipo de sociedad queremos ser".
— Gemma Pinyol-Jiménez
Más allá de la frontera y de la narrativa de los recursos
Uno de los ejes analíticos de la jornada giró en torno a la narrativa política y mediática imperante. Pinyol-Jiménez alertó de que el discurso público tiende a enrocarse casi en exclusiva en el control de las fronteras, los cayucos y las llegadas irregulares. Esta hiperfocalización, argumentó, provoca la invisibilización de lo que es verdaderamente trascendente: la cotidianidad, las gestiones diarias y la incesante construcción de convivencia en los barrios.
Denunció firmemente que a menudo se utiliza a la población inmigrante como una simple excusa para esconder graves déficits estructurales. Criticó, a modo de ejemplo, que, ante la saturación crónica de los centros de salud, el debate interesado se dirija de inmediato hacia la presión generada por las personas migrantes, en lugar de cuestionar seriamente por qué no se incrementa la inversión pública al mismo ritmo del crecimiento demográfico. "Hacer hablar de inmigración cuando estamos hablando de precariedad de recursos, a mí me parece hacer trampas", sentenció.
Añadiendo contexto a la gestión pública, Pinyol-Jiménez evidenció las contradicciones del sistema recordando cómo el trato institucional difirió durante la acogida de personas desplazadas desde Ucrania frente a las de Siria, o ilustrando cómo la reciente visita del Papa logró arreglar de inmediato calles ignoradas durante años. "Hay voluntad y recursos para hacerlo, porque si hay voluntad y recursos, muchos de los debates que tendríamos hoy no estarían", concluyó.
Para alcanzar esa cohesión intercultural, demandó políticas transversales orientadas a la equidad y a una lucha antirracista sin fisuras. Reivindicó construir ciudades "fáciles para todos", inspiradas en modelos exitosos europeos, donde no se “folclorice” jamás la diversidad, sino que se la atienda y asimile desde la normalidad institucional. En esta línea, Lobera sumó una seria advertencia sobre la polarización actual impulsada por los algoritmos y la inteligencia artificial, herramientas que tienden a encerrar a una parte creciente de la ciudadanía en burbujas de odio y aislamiento preventivo. Propuso desarticular este discurso fomentando y afianzando potentes narrativas del "somos", recordando que compartimos idénticas necesidades vitales y el mismo anhelo de estabilidad.
La contundencia de la evidencia demográfica
Aterrizando el debate en el impacto material, Josep Lobera desgranó el informe prospectivo España ante el reto migratorio. Entre otros aspectos, en este informe se muestra que una reducción del 30% en los flujos migratorios de entrada produciría una reducción paulatina de la población española hasta los 40 millones de habitantes en 2075, se perderían más de 9 millones de personas en edad de trabajar y cada trabajador en activo tendría que aportar 2.000 euros extraordinarios al año, de su propio bolsillo, únicamente para lograr sostener el sistema público de pensiones en aquel año. Este escenario supondría, además, el cierre de 50.000 aulas escolares de primaria y secundaria por todo el territorio, el cierre de tres de cada diez explotaciones agrarias por falta de personal y la pérdida de 63.000 médicos especialistas para 2075.
A pesar del contundente poder de estas cifras, la mesa de personas expertas advirtió unánimemente del severo peligro ético que entraña reducir a las personas migrantes a una herramienta meramente utilitarista. Como recordó con agudeza Pinyol-Jiménez, "no hay ninguna política antiinmigración que haya generado bienestar para nadie", pero justificar la convivencia únicamente amparándose en el rendimiento económico desvirtúa el verdadero sentido fundacional de la humanidad y la justicia.
Derechos humanos, dignidad y resiliencia
Recogiendo este testigo humanitario, José Javier Sánchez Espinosa subrayó la visión que ostenta Cruz Roja Española sobre la interculturalidad. El director del Área de Migraciones incidió en que la vocación y labor primordial de su institución consiste en acompañar integralmente a la persona, trabajando en una línea de apoyo continuo que arranca "desde el primer abrazo que les damos cuando llegan a puerto" y se prolonga hasta la ansiada consolidación de los itinerarios de participación plena en la sociedad. Enfatizó que este proceso jamás debe ser asimétrico, sino "un punto de encuentro" con personas que enfrentan decisiones de enorme incertidumbre.

"La lección es que el acompañamiento a personas en procesos migratorios no sea una intervención en distintos niveles sino un punto de encuentro".
— José Javier Sánchez Espinosa
Sánchez Espinosa reclamó que la inquebrantable piedra angular de cualquier acción comunitaria sean siempre "los derechos humanos y la dignidad", alejándose firmemente de enfoques y de paternalismos que tiendan a cristalizar a la persona migrante en una posición de víctima. "Hablamos mucho de vulnerabilidad, pero yo hablaría de resiliencia", proclamó, recordando a la audiencia que estas personas contribuyen activamente al ecosistema de nuestros barrios aportando una vastísima experiencia profesional, fortaleza y tesón.
Sánchez Espinosa puso como ejemplo los proyectos comunitarios de Cruz Roja en "barrios desfavorecidos", donde se trabaja por la cohesión social integrando a todos los colectivos presentes, logrando que el vecindario histórico comprenda íntimamente tanto la vulnerabilidad de quien llega como su enorme y valiosa contribución al barrio.
Al reflexionar sobre cómo desearían que la historia juzgara las decisiones de nuestro presente, las respuestas de los ponentes oscilaron entre la lógica cautela y una esperanza casi militante. Pinyol-Jiménez expresó su profundo temor a que la marea de discursos retrógrados nos haga retroceder a la oscura década de los años 30 del siglo pasado, instando a la sociedad civil a organizarse y proteger el frágil sistema internacional de derechos y las garantías del estado de bienestar. Por contraposición, Sánchez Espinosa reivindicó un optimismo cimentado en la tangible realidad de su inmensa organización, que es testigo de primera mano de la solidaridad social y del incansable trabajo diario de más de 7.000 personas voluntarias dedicadas a dignificar el ámbito migratorio nacional.
La garantía del sistema de acogida institucional
La jornada culminó con la intervención de Paloma Escrigas, subdirectora adjunta de la Subdirección General de Gestión de Plazas e Itinerarios de Atención Humanitaria del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.

Clausura: Paloma Escrigas y José Javier Sánchez Espinosa.
Durante su alocución, Escrigas rindió un homenaje al inmenso músculo logístico, organizativo y sobre todo humano de Cruz Roja Española. Puso en valor su capacidad operativa para movilizar miles de plazas ante emergencias continuadas, desde la crisis siria hasta la emergencia en Canarias. Aportando contexto histórico para comprender la envergadura del esfuerzo, desveló la magnitud del actual desafío: frente a las apenas 3.000 solicitudes de asilo que debían tramitarse en el lejano año 2010, el sistema español en su conjunto tuvo que evolucionar a marchas forzadas para lograr acoger y procesar la cifra de 144.000 solicitudes documentadas a lo largo del año pasado.
La representante gubernamental remarcó que las complejas políticas públicas de atención humanitaria diseñadas e implementadas en España constituyen "mucho más que programas asistenciales" al uso. Su prestigio y excelencia radican en su capacidad para articular intervenciones individualizadas, adaptándose al perfil de cada ser humano. "Desde que llegan a costas, a Barajas o a una de vuestras oficinas de fase de valoración, sois probablemente la primera cara amable o la primera sonrisa que ven en mucho tiempo", reconoció emocionada, dirigiéndose directamente al tercer sector.
Escrigas enumeró al batallón de profesionales que lo hacen posible: equipos de abogacía, psicología, mediación, trabajo social, orientación laboral e intérpretes. Gracias a ellos, superan los obstáculos burocráticos iniciales, logrando acceder al empadronamiento o a la tarjeta sanitaria. El reto definitivo y principal del sistema estatal de protección, concluyó Escrigas, consiste esencialmente en ofrecer consuelo y dar la mano en los primeros momentos de la ruta migratoria para, finalmente, conseguir otorgar a todas estas personas "las alas necesarias para que puedan volar solos", demostrando a la sociedad de acogida que "lo diferente es siempre enriquecedor".
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