Mónica Esteban: “El juego no cura el cáncer, pero sí cura muchas cosas que lo rodean” - Ahora
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Publicista de formación y fundadora de Juegaterapia, Mónica Esteban transformó una intuición personal en un referente de la humanización hospitalaria en España. Tras comprobar el impacto emocional que una consola tuvo en un niño con cáncer, decidió impulsar este bonito proyecto que hoy convierte azoteas en jardines y utiliza el juego para reducir la ansiedad de los pacientes pediátricos. Con el lema “La quimio jugando se pasa volando”, Mónica defiende que el bienestar emocional de la infancia no es un accesorio, sino una pieza clave para que los niños sigan siendo niños, incluso entre las paredes de un hospital.
Juegaterapia nació de una idea sencilla pero transformadora: hacer más llevadera la vida de niños y niñas con cáncer a través del juego. ¿Cómo recuerdas aquel inicio y qué te impulsó a dar el paso?
Lo recuerdo como algo muy intuitivo. Yo no venía del ámbito sanitario ni social, pero sí tuve muy cerca el caso de una familia que estaba pasando por algo durísimo: su hijo, Aarón, tenía cáncer. Acompañarles y ver de cerca cómo era su día a día me hizo hacerme una pregunta muy sencilla, pero que lo cambió todo: “¿Y si durante el tratamiento los niños pudieran jugar y olvidarse, aunque fuera por un rato, de la enfermedad?”.
Aarón fue el primer niño que me confirmó que esa idea tenía sentido. Verle jugar durante la quimio, observar cómo su gesto cambiaba, cómo su cuerpo se relajaba y cómo volvía a ser simplemente un niño, fue absolutamente revelador. En ese momento entendí que no estábamos “solo” entreteniendo: estábamos regalando momentos de alivio, de normalidad y de felicidad en medio de algo muy duro.
Sus sonrisas, las de Aarón y, después, las de tantos otros niños, fueron la señal más clara de que ahí había algo muy grande. Fue entonces cuando supe que tenía que dar el paso y convertir aquella idea sencilla en un proyecto de vida, porque algo tan pequeño como el juego podía tener un impacto inmenso en la manera de afrontar la enfermedad.
El juego es una herramienta terapéutica muy poderosa. ¿Qué impacto has visto en los niños y en sus familias desde que comenzasteis con el proyecto?
El impacto es emocional, pero también físico y familiar. Los niños afrontan los tratamientos con menos miedo, con más calma. El juego les devuelve una parte de su infancia que la enfermedad intenta arrebatarles. Para las familias supone también un alivio enorme: ver a tu hijo reír en medio de un hospital, les da descanso emocional, esperanza y la sensación de que no todo es dolor.
Uno de vuestros lemas es que “la quimio jugando se pasa volando”. ¿Qué papel juega la esperanza y la actitud positiva en la recuperación o en el afrontamiento de una enfermedad tan dura?
En la Fundación Juegaterapia, creemos en la esperanza real, la que nace de pequeños momentos buenos. Cuando un niño juega, se evade, se siente capaz, valiente. El juego no cura el cáncer, pero sí cura muchas cosas que lo rodean. Alivia el miedo, reduce la ansiedad, calma la tristeza y transforma el tiempo del tratamiento en algo más llevadero. Y eso tiene un impacto enorme, porque cuando un niño afronta la enfermedad con menos angustia y más calma, también lo hacen sus familias. La esperanza no es negar la realidad, es aprender a transitarla con más sonrisas, más fuerza y más momentos que merezcan ser recordados.
En un momento en el que se suele recomendar limitar el tiempo frente a las pantallas, Juegaterapia reivindica el valor de las consolas y videojuegos como herramienta de apoyo emocional. ¿Cómo conseguís darle la vuelta a esa idea y mostrar su potencial terapéutico?
Contextualizando. No es lo mismo jugar en casa por aburrimiento que hacerlo en una cama de hospital durante horas de tratamiento. En ese entorno, la consola no es una pantalla más, es una ventana de escape, una herramienta terapéutica y emocional. Los videojuegos ayudan a distraer el dolor y a reducir la percepción del tiempo.
Vuestro trabajo no se limita al juego, sino que también habéis transformado espacios hospitalarios en jardines o zonas lúdicas. ¿Qué importancia tiene humanizar los entornos sanitarios?
Es fundamental. Los hospitales suelen ser lugares asépticos, pensados para curar, pero no siempre curan emociones. Cuando transformamos una azotea en un jardín o un pasillo en un espacio de juego, estamos diciendo a los niños: “Este lugar también puede ser tuyo”. Humanizar los espacios es cambiar la experiencia hospitalaria, hacerla más amable, más digna y más humana.
¿Qué aprendizajes personales te ha dejado estar en contacto directo con tantas historias de vida y de superación?
Me ha enseñado a relativizar, a vivir el presente y a entender la fortaleza increíble que tienen los niños. Ellos te dan lecciones constantes de valentía, de alegría y de sentido del humor incluso en los peores momentos. También me ha enseñado que la vida es frágil, pero profundamente bonita, y que acompañar, estar y escuchar es muchas veces más importante que cualquier otra cosa.
¿Qué sueña ahora Juegaterapia para el futuro? ¿Qué próximos retos o proyectos os gustaría alcanzar para seguir transformando la vida de los más pequeños?
Soñamos con llegar a más hospitales, a más niños y a más familias. Queremos que el juego sea reconocido como parte esencial del proceso terapéutico. Seguimos trabajando para crear más espacios humanizados, para ampliar nuestros programas y para que ningún niño con cáncer se sienta solo, aburrido o triste durante su tratamiento. Nuestro reto es seguir creciendo sin perder nunca la esencia: poner la sonrisa de los niños en el centro de todo.
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