"La vida es una carrera”. Entrevistamos a Pedro Pajares, voluntario en el programa de intervención social para personas privadas de libertad. - Illes Balears
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Pedro lleva más de dos décadas como voluntario en Creu Roja. Llegó casi por casualidad y encontró una vocación que cambiaría su vida: acompañar a personas privadas de libertad a través del deporte.
Atleta federado, empezó a correr a los 28 años cuando apenas podía atarse los zapatos. El atletismo no solo transformó su salud, sino también su manera de entender el mundo. Hoy traslada esos aprendizajes al centro penitenciario, donde dirige un taller de atletismo convencido de que el deporte puede ser una herramienta real de reinserción.
Su filosofía es clara: la vida es una carrera. Habrá bajones, habrá cuestas, habrá momentos en los que uno se pregunte qué hace allí. Pero si se sigue avanzando, se llega a la meta. A sus 80 años, Pedro no solo enseña a correr. Enseña a resistir, a escucharse y a empezar de nuevo.
¿Qué te impulsó a dar el paso para convertirte en voluntario?
Aproximadamente llevo unos 21 años. La verdad es que mis primeros pasos en Creu Roja fueron cuando ya empezaba a terminar mi etapa laboral y tenía que buscar otra actividad para continuar mi camino. Un amigo me dijo: “¿Por qué no te haces voluntario?” En aquel momento le dije que me olvidara, pero se me quedó en la mente Cruz Roja. Finalmente, un día decidí entrar por la puerta a pedir información y no he “salido” desde entonces.
¿Cómo empezó tu etapa en el área de atención a personas privadas de libertad?
En un principio estaba en el área de medio ambiente, realizando talleres de manualidades con materiales reciclados para diferentes colectivos. Y un día, hicimos esta actividad con el módulo de jóvenes del centro penitenciario. Durante todo el taller con ellos me di cuenta de que eran personas como nosotros, y disfruté muchísimo de pasar un rato con ellos.
En aquel momento, sentí una punzada en el estómago. Cuando algo me apetece hacer, siento esa punzada que me dice que debo hacerlo. Empecé a moverme para hacer una actividad allí y me dijeron que podía hacer un taller de atletismo. Pensé: “Soy atleta, soy federado, hago deporte desde hace años. Adelante”. Y así empecé en el centro penitenciario.
¿Cuándo comenzó tu pasión por el atletismo?
Empecé con 28 años, muy tarde. No me podía atar los zapatos, me ahogaba, tenía muchísimo estómago. Pensé que, si con 28 años estaba así, con 50 no llegaría.
En ese momento vivía en Madrid y empecé a ir los fines de semana a la Casa de Campo a correr. El primer día corrí 10 o 15 metros y me asfixiaba. El siguiente igual. Pero cada fin de semana bajaba y me iba gustando más.
Un día vi un cartel del primer maratón de Madrid. No sabía ni lo que era un maratón y me apunté. Son 42 km y yo no corría ni 500 metros. Me retiré en el km 30, fue desastroso. Pero dije: “El próximo maratón lo corro”. Entrené más y al año siguiente lo terminé. Así fueron mis principios en el atletismo. Luego me federé en la Federación de Atletismo de las Islas Baleares y desde entonces ahí sigo.
¿Qué valores te ha enseñado el atletismo que aplicas en el voluntariado?
Creo que todos los deportes dan valores. El atletismo, al ser más individual, te hace ir contigo mismo. Cuando vas corriendo piensas en tu vida, en tus problemas, y te vienen soluciones.
Siempre insisto en que se haga deporte. Es una herramienta perfecta para la reinserción. Con unas zapatillas, da igual si son las más baratas o las más caras, puedes salir a correr por cualquier calle cuando sientas malestar. El deporte te hará ver que la decisión que pensabas tomar es mala y te hará ir por el buen camino.
La vida es una carrera. Empiezas preguntándote qué haces ahí. Luego coges fuerzas, llega un bajón, lo superas y llegas a meta. Hoy no tienes trabajo, sigues buscando, hasta que lo encuentras. Eso es lo que intento trasladar: la vida es como una carrera.
Y durante esa carrera, ¿Qué valores aprenden los internos?
es cuento una anécdota real como la vida misma. Les hago pensar en lo que era la heroína hace 30 años. Hace muchísimos años, en una carrera en Palma coincidí con una persona que me dijo que era heroinómano y que había tomado la decisión de dejar las drogas poniéndose las zapatillas y saliendo a correr cada vez que sentía ganas de consumir. Muchas carreras después, vi cómo se había ido recuperando, cómo mejoró físicamente y consiguió rehacer su vida. Actualmente es una persona casada, con hijos y hace una vida normal.
Esto se lo intento trasladar a todos los chicos y las chicas — yo les llamo así— que acuden al taller. Les digo que aguanten la carrera, que todo tiene solución, pero que hay que afrontar esas soluciones y seguir adelante. Les exijo mucho, reconozco que soy un poco duro, pero quiero que cuando salgan hagan lo que realmente hay que hacer. Cuando consiguen salir, me alegra encontrarme a algunos por la calle y ver que siguen haciendo deporte.
¿Y qué aprendes tú de ellos?
¿Yo? Yo aprendo de ellos mucho más. Me enseñan qué es una persona al margen del error que haya cometido. No quiero saber por qué están allí, porque si lo sabes, etiquetas, y no quiero etiquetar a nadie.
Me han escrito cartas y he visto a hombres muy duros llorar con sentimiento. Me voy a casa con el corazón encogido en algunas ocasiones. Recuerdo a uno que me contó que su madre estaba falleciendo y no podía ir a verla. Le dije que cuando llegara el momento recordara dos promesas: no tocar nada y ponerse las zapatillas y salir a correr o a caminar.
Para mí tiene un valor enorme que confíen así. Yo les transmito ánimos, que cuando salgan piensen que la vida es una carrera y que la tienen que superar. Y en ese proceso, ellos me enseñan muchísimo.
Después de tantos años habrás vivido o escuchado muchas historias, ¿hay alguna que recuerdes especialmente?
Cuando empecé en el centro penitenciario trabajábamos en el polideportivo. Yo tengo la costumbre de llegar siempre antes de mi hora, y antes de mi taller había entrenamientos de fútbol. Me sentaba en las gradas y observaba. Con el paso de los días vi que uno de los chicos que normalmente jugaba estaba sentado en la grada. Me acerqué y le pregunté si estaba lesionado. Me dijo que no, que estaba muy decaído y empezó a contarme su vida, el motivo por el que estaba allí.
Yo permanecí callado. Me contó todo lo que había hecho y yo lo miraba de arriba abajo, incapaz de imaginar que esa persona pudiera haber hecho lo que me estaba diciendo. No salía nada por mi boca. No sé si fue por impresión o porque en ese momento decidí escuchar, pero simplemente escuché. Cuando terminó, me dijo: “Gracias, Pedro”. Le pregunté: “¿Gracias por qué?”. Y me respondió: “Porque me has escuchado.”.
Ese momento me marcó profundamente. Fue él quien me enseñó la importancia de escuchar de verdad. Me enseñó que muchas veces las personas, estén dentro o fuera, no necesitan que les interrumpan ni que les den lecciones, sino que alguien los escuche.
Desde entonces, cada vez que llegan personas nuevas al taller les digo lo mismo: si en algún momento queréis hablar y vaciaros, decídmelo. Nos vamos al centro del campo, donde no nos oiga nadie, me cuentas lo que quieras contar. Yo me quito la camiseta, me voy a casa, la meto en la lavadora y no me he enterado de nada. Pero tú sales por aquella puerta con la mente más limpia, con tu sensación de malestar atrás.
Hace unos días cumpliste 80 años y nos hemos enterado de que te dieron una sorpresa en el centro penitenciario celebrando una carrera en tu honor.
Sentí tanta admiración, pero, sobre todo, sentí tanto respeto y tanta emoción... allí estaban los chicos, que cuando entré todos me aplaudieron. Todos se sacrificaron para correr una carrera y luego me dieron un premio, que es una maravilla, un cuaderno con dedicatorias de todas y cada una de las personas que participan en el programa, de los funcionarios, de personas de Cruz Roja...solo de pensarlo, vuelvo a emocionarme.
Pedro, ya por acabar... ¿Por qué merece la pena ser voluntario en Creu Roja?
Porque ayudas a las personas sin querer recibir nada a cambio. Si tuviera que venir cobrando, no vendría. Ayudar y que te ayuden indirectamente, sin nada a cambio.