Climabar: “Todo lo que te pasa lo puedes relacionar con el cambio climático” - Ahora
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En plena parálisis pandémica, Carmen Huidobro (ambientóloga) y Belén Hinojar (publicista) encontraron el antídoto al aburrimiento dándole una vuelta al discurso ecologista. Así nació Climabar, un proyecto que no solo informa sobre la crisis climática, sino que propone aproximarse a su narrativa desde un tono fresco, ameno, entretenido y cercano. Con un café de por medio, conversamos con ellas para desgranar por qué la crisis climática es una cuestión de derechos y por qué la mejor herramienta no es solo reciclar, sino tomar partido.
¿Cómo le explicamos a la gente que el cambio climático no es una amenaza lejana, sino algo muy real y presente?
Carmen: Es un reto inmenso porque es una amenaza muy compleja a la que no nos hemos enfrentado como humanidad. Antes eran sucesos muy concretos, como que la capa de ozono se estaba abriendo, había un agujero… pero los fenómenos climáticos adversos, como las sequías o las olas de calor, son una realidad. Por un lado lo estamos normalizando y, por otro, sabemos que van a empeorar. Un año parece que no es tan grave; otro, sí. Primero pasa en un sitio, luego en otro. Por eso nosotras siempre intentamos relacionar la crisis climática con los sucesos del día a día. La comida se está haciendo más cara porque no hay cosechas; tenemos olas de calor más fuertes, inundaciones, DANA… intentamos unir los puntos con lo que la gente ve en su día a día.
Belén: De todas formas, el cerebro humano está diseñado para ignorar el peligro. Pasa como con el tabaco: sabes que mata, pero piensas que no te tocará a ti. Hay una frase de Javier Peña que define muy bien nuestro presente: "La crisis climática es eso que ves en el móvil hasta que eres tú quien lo está grabando". El año pasado, con las inundaciones, mucha gente vio el desastre en la puerta de casa por primera vez.
¿Siente la gente esa conexión entre una inundación y el cambio climático, o falta todavía perspectiva?
Belén: Las personas ven las consecuencias de la crisis climática como algo muy grande; una DANA, una inundación… pero también se aprecia en el día a día, por ejemplo, con la subida de precios por la inflación, porque es más difícil cultivar, y no hay tantos cultivos. Esa consecuencia directa que te encuentras todos los días en la cesta de la compra quizá no piensas que es por la crisis climática, pero sí lo es. Evidentemente, no queremos con esto minimizar impactos mucho más grandes que está sufriendo gran parte de la población del planeta, que no tiene nada que ver con hacer la compra, sino con ser directamente un refugiado climático, algo bastante más grave.
Carmen: Pensando en nuestro país, ha habido un problema de comunicación porque la crisis climática se ha contado siempre desde el lado medioambiental, con lo que no veíamos consecuencia social ni económica. Deberíamos, medios, influencers, divulgadores, empezar a unir esos puntos con lo está pasando. Que ojalá no fuese tan grave, pero es que todo lo que te pasa lo puedes relacionar con el cambio climático.
A lo mejor ha fallado la comunicación alrededor de la crisis climática. ¿Cómo lo haríais vosotras?
Belén: Nosotras siempre decimos que la crisis climática ha tenido la peor campaña de marketing de la historia. ¿Cómo es posible que la gente no perciba que esta es la mayor crisis a la que se enfrenta la humanidad en su historia, la crisis de las crisis, algo que es transversal, económico, social, de salud…? Necesita un buen rebranding.
Carmen: Exacto. La comunicación, si la vemos desde el lado medioambiental, siempre ha consistido en abrazar árboles y proteger las ballenas. Y eso está fenomenal. Yo soy esa persona, somos esas personas. Pero hay mucha gente a la que eso no le llega, no empatiza. Gente que no ha visto un oso polar en su vida. ¿Por qué la crisis climática se ha contado desde el deshielo y los osos polares en vez de desde la alimentación, los refugios climáticos o las DANA? Por un lado, necesitamos unir los puntos y contar las consecuencias; por otro, enfocarnos en soluciones, en el día a día, en cosas que tú puedas empatizar.
¿Hablar de medio ambiente es hablar de derechos humanos?
Belén: Sí, pero es un concepto que, a lo mejor, para mucha gente todavía está alejado de lo cotidiano. Me parece que te empiezas a plantear esa serie de cosas más adelante. Nosotras nos dirigimos a un público general en redes sociales, así que tenemos que tener cuidado al tratar ciertos temas para intentar romper burbujas muy sencillas; que gente que no está acostumbrada a hablar de estos temas pueda conocer un poco más.
A nosotras nos parece evidente que todo tiene que ver, pero para llegar ahí tienes que haber visto mucho contenido al respecto. Al final, somos personas las que habitamos el planeta, las que necesitamos un planeta habitable. El planeta no nos necesita para nada; ha tenido dinosaurios, se han caído meteoritos y le ha dado igual. Nos va a hacer ghosting.
Carmen: La crisis climática es una crisis humanitaria que afecta a las personas y, por desgracia, a las más vulnerables, las que menos han contribuido a esta crisis. Los responsables son los combustibles fósiles, y los que se enriquecen a base de quemar combustibles fósiles; el extractivismo, el capitalismo… un grupito muy privilegiado que afecta a una gran parte de la población que contamina apenas nada. Es muy injusto, por desgracia, porque quienes están sufriendo las consecuencias más graves son los países insulares, el sur global, los que menos han contribuido y menos se han enriquecido con esto. No podemos separar una cosa de la otra. Hay que hacer una transición justa hacia las renovables porque no se puede dejar a las personas de lado, sobre todo a las que más están sufriendo esto.
Al final, tenemos que empezar a poner el foco en que esto es por egoísmo. Cuando yo decía que estudiaba Ciencias Ambientales, me decían “qué buena persona, te gustan los animales y los arbolitos”... y mi respuesta era siempre: “Es que quiero un planeta habitable, ¡quiero sobrevivir!”. Otra cosa que me pasaba a menudo en la carrera era que me explicaban cómo saber si un suelo estaba contaminado, pero no de dónde venía esa contaminación. ¿Por qué no hablamos de dónde viene el foco realmente?
Ante una amenaza tan grande, es fácil caer en el "para qué yo voy a hacer nada". ¿Cómo vencemos esa inacción?
Carmen: Es muy normal ver que, ante la gran amenaza que es la crisis climática, tú pienses: “¿Para qué voy a hacer yo algo si soy solo una personita?”. Todo lo contrario. Hay que recordar que no somos solo consumidores: somos ciudadanía. Podemos hacer mucho, por ejemplo, votando a partidos que no sean negacionistas. También con nuestros hábitos de consumo, hablando con otras personas… hoy en día la sociedad está muy individualizada y no debemos perder esa colectividad y comunidad. Lo que buenamente puedas hacer ya es mucho.
Y recordar que puedes exigir, presionar, salir a la calle, colectivizarte, sumarte a grupos más grandes que están luchando por la crisis climática como colectivo… Si no quien gana esa narrativa de ¿para qué hacer algo si no sirve de nada? son los que se están lucrando: ñas petroleras, los gobiernos inactivos, los empresarios… Tenemos que luchar activamente contra eso y ser positivos ante las soluciones que ya existen. Está todo inventado, solo hay que ponerse manos a la obra.
Belén: Algo que intentamos hacer nosotras desde nuestra cuenta es luchar contra la imagen de la persona o activista perfecta que no tiene huella de carbono, cosa que es imposible porque incluso muerta emites metano.
Lo que sí intentamos reflejar es que no dejes de hacer algo por miedo a no hacerlo fantástico. Y, si un día quieres hacerte una bola y llorar, hazlo. Hay diferentes fases dentro de la lucha climática y a veces en un día experimentas todas. Pero nos hemos dado cuenta de que llega un momento en el que no quieres hacerte más una bola y empiezas a buscar gente con la que unirte, redes… entonces aparece la ira. La ira es un motor de acción increíble. Muy a favor de enfadarte y juntarte con gente enfadada para hacer un montón de cosas.
¿La crisis climática es una lupa de desigualdad?
Belén: Sí. No te tienes que ir a cualquier país del sur insular, que directamente se están quedando sin tierra porque está subiendo el nivel del mar, sino a cualquier barrio de tu ciudad. Por ejemplo, en Madrid, los barrios con más ingresos tienen más árboles. ¿Qué pasa con eso? Que, en verano, la temperatura de esa calle baja 10 grados. Eso también es una guerra de clases.
Carmen: Se están acentuando muchos problemas que ya existían porque la crisis climática toca todos los palos: alimentación, salud, enfermedades, vivienda… Hemos levantado la alfombra y estamos viendo todo lo que no estaba funcionando y que más está influyendo en las personas vulnerables.
“Es que siempre ha hecho calor en verano”. ¿Qué podemos decir ante esto?
Carmen: Este argumento es muy típico de bares, lo escuchamos todo el rato. Nosotras tiempo tiramos a tu infancia, a tu pueblo. Con eso la gente conecta mucho. ¿Recuerdas las noches en tu pueblo cuando eras pequeño? ¿Dormías con mantita? ¿Y a que ahora no?
¿Cuál es la mayor mentira que nos han contado sobre ser sostenibles?
Belén: Que es algo perfectamente alcanzable. Puedes aspirar a eso, pero es imposible ser sostenible al 100%. Lo vamos a hacer de la mejor forma posible, pero solo hay una Greta Thunberg, e incluso ella produce metano.
Carmen: Siempre ponemos el foco en el individuo. “Es que no eres suficientemente sostenible”. Pero es que no me estás ayudando a que lo seamos. “No cojas plástico”. Pero no me estás ofreciendo otra cosa en el mercado. Tenemos que cambiar un poco el foco. Nos tienen que dar soluciones, pero también las tenemos que exigir.
Si pudieras prohibir una palabra del diccionario climático, ¿cuál sería?
Belén: Yo prohibiría sostenibilidad. La gente la está usando tan mal, y para todo, que mejor nos inventamos una nueva. No podemos llamar “sostenible” a todo.
Carmen: Voy a soltar un facto: yo prohibiría reciclar. Siento que es a lo que todo el mundo va y la crisis climática es mucho más que eso. Siempre digo que prefiero que no recicles, pero que votes a partidos no negacionistas.
¿Un deseo climático para este 2026?
Carmen: Mi deseo climático para este 2026 es que en la convención de Santa Marta, en Colombia, salga una acción vinculante y legal y con un plan para que muchos países que aún dependen de combustibles fósiles para su energía vayan dejándolos y pasemos a renovables y cambie un poco el sistema.
Belén: Yo voy a pedir financiación climática. Que se la den a un montón de países que lo necesitan, que los que han estado lucrándose con la crisis climática se pongan a pagar, y que hagan muchos bizums.
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