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La sexualidad en la maleta - Cruz Roja

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La sexualidad en la maleta
Actualitat
Multicanal VIH
فبر
12
2020
12 فبراير La sexualidad en la maleta

El pasado mes de noviembre cogimos nuestra maleta y nos embarcamos en una Jornada sobre Sexualidad, con el propósito de traerla repleta de reflexiones, experiencias, nuevas ideas, aportaciones, opiniones y un montón de nuevas amistades de compis de profesión.

Os preguntareis si se cumplieron nuestras expectativas o qué es lo primero que nos encontramos: pues, sinceramente, nos dimos cuenta de que sin ser conscientes de ello, veníamos cargados de prejuicios. Entendimos que para hablar de sexualidad lo primero que hay que hacer es desnudarse, y no en el sentido estricto de la palabra, sino en el sentido de despojarnos de limitaciones impuestas.

A medida que avanzaba la Jornada, empezaron a saltar, a nuestra maleta, un montón de viejos y nuevos conceptos que buscaban su hueco en ella. Revueltas entre los calcetines, nos encontramos con varias definiciones de sexualidad.

A nuestro neceser entraban brincando la erótica y la amatoria. Escondiéndose detrás del pantalón, el proceso de sexuación. Y antes de que nos diera tiempo a reorganizarla, varias preguntas y reflexiones, intentaban hacerse un hueco entre los vestidos:

¿Cuál es el origen de la sexualidad y la sexología?

¿Qué diferencias hay entre la orientación, la identidad y la diversidad sexual?

¿En qué pensamos cuando hablamos de sexo?

¿Sexo y género, son lo mismo?

Pero de todo, lo que más llamó nuestra atención fue la vistosa intersexualidad, que acomodada en el centro de la maleta nos abrió la mente para poder entender sin tabúes otras realidades sexuales. Y de esto, precisamente, es de lo que hoy vamos a hablaros, pero antes de empezar os proponemos coger vuestra maleta y acompañarnos en el viaje de regreso, pues las Jornadas fueron intensas y hay dos paradas más en el camino: “La sexualidad desde la diversidad funcional” y “La sexualidad en la enfermedad”, que trataremos en los siguientes posts, ¿tomáis asiento?

Resulta que no todo es blanco o negro; lejos del aprendido e impuesto binarismo, que nos divide en hombres y mujeres sin más, descubrimos que todas las personas somos diversas y distintas también en nuestra sexualidad y de eso es de lo que vamos a hablar hoy, de la intersexualidad.

 

Una persona intersex es aquella que ha nacido con un cuerpo distinto a los cuerpos femeninos o masculinos promedio.

 

El desarrollo sexual diferente se produce cuando un individuo presenta a la vez características genéticas y fenotípicas propias de varón y de mujer. La intersexualidad es pura ingeniería genética. En función de los niveles de testosterona durante la gestación, en torno al tercer trimestre se desarrollan unos órganos genitales u otros (masculino o femenino). Pero también pueden darse y de hecho se dan, los genitales ambiguos. Bebés genéticamente femeninos (XX) que no poseen los genitales externos asociados habitualmente a las niñas (labios mayores y menores, clítoris…) y bebés genéticamente masculinos (XY) que no

desarrollan los genitales externos vinculados habitualmente a los niños (pene, testículos…).  

También existen muchas personas que no son ni XX ni XY, sino que pueden ser XXY o XYY o XXX…físicamente la intersexualidad es muy diversa, pero coinciden todas en que sus aparatos genitales y reproductivos no son, ni totalmente masculinos ni totalmente femeninos, pueden ser un poco de ambos, o ni uno ni otro. De esta manera, a veces, dichas personas no entran dentro de lo socialmente establecido como “chico” o “chica”, más bien son mezcla de ambos, de ahí que reciba el nombre de “intersexualidad”. Etimológicamente la palabra “Intersex” está compuesta por el prefijo “Inter-”, que tiene su origen en el latín y se define como “en medio de o entre” y la palabra “Sex”, del latín “Sexus”, que deriva del verbo latino “Seco” (de seccionar, cortar, dividir…) y que era utilizado para designar la diferencia entre masculino y femenino.

Durante años la intersexualidad se denominó “hermafroditismo”, pero hoy en día sabemos que no es correcto, pues el término “hermafrodita” supone la presencia simultánea y funcional de ambos tipos de genitales, masculinos y femeninos, en un mismo organismo. El hermafroditismo hace referencia únicamente a animales o plantas, mientras que la intersexualidad es aplicable a los seres humanos.

A nuestro parecer, este hecho simplemente demuestra que los géneros no están tan diferenciados, pues nadie en realidad es totalmente hombre, ni nadie es totalmente mujer y eso no es ni bueno, ni malo. Todas las personas aglutinamos rasgos femeninos y masculinos, en base a las características que tradicionalmente son asignadas a un sexo u otro. Aunque en cada cuál tienen más peso unos u otros rasgos, lo que contribuye a que nos sintamos, vivamos e identifiquemos como pertenecientes a uno u otro sexo…o no.

Sucede lo mismo con los conceptos de androginia y de identidad de género, las personas nos podemos identificar como hombres, como mujeres o como ni lo uno ni lo otro, algo más intermedio.

Gracias a la intersexualidad, “todes” hemos aprendido a hablar con la “E” y hemos entendido la importancia de un nombre, la importancia de ser nombrado.

 

Próxima parada: “La sexualidad desde la diversidad funcional”

 

 

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