Cuatro años después, Ucrania nos sigue necesitando - Ahora
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Cuatro años después, Ucrania nos sigue necesitando
CUATRO AÑOS DESPUÉS, UCRANIA NOS SIGUE NECESITANDO
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Cruz Roja
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parte 1 conflicto ucrania 26
El termómetro marca -19 grados en las calles de Kiev. Lo que para muchos sería una cifra meteorológica, para las familias ucranianas es una amenaza vital. Los ataques sistemáticos a la red eléctrica han dejado ciudades enteras a oscuras, sin calefacción y sin agua. En el interior de los hogares, la temperatura oscila entre 5 y 12 ºC; una atmósfera gélida donde cocinar, lavarse o simplemente dormir se convierte en un acto de heroísmo cotidiano.
La crisis en Ucrania ha entrado, por tanto, en una fase crítica. Ya no se trata de hostilidades y ataques indiscriminados, sino de una vulnerabilidad extrema en cascada: sin luz no hay agua; sin agua no hay higiene; sin energía, los equipos médicos no pueden seguir con sus labores. Hoy, más de 12 millones de personas viven en condiciones de alta fragilidad, y la ayuda humanitaria es, literalmente, el hilo que sostiene sus vidas.
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Rostros del conflicto: la fuerza de lo humano
Después de la frialdad que pueden presentar los datos, existen nombres propios que dan sentido a la misión de Cruz Roja.
El amor como escudo: Maksym y Oleksandra
Maksym (42 años) y Oleksandra (36) eran diseñadores gráficos en Mykolaiv antes de que el estallido de 2022 lo cambiara todo. Hoy ejercen el voluntariado en el equipo de respuesta de Cruz Roja Ucraniana en Kiev. Han vivido el dolor de la separación (los hijos de Maksym, de un matrimonio anterior, están en Francia) y la pérdida de compañeros bajo los escombros. “Lo más duro no es ver la muerte, sino la familia que espera con la esperanza de recibir buenas noticias”, confiesa Maksym.
A pesar de todo, decidieron comprometerse en 2024. No se casarán hasta que toda la familia pueda reunirse. Para ambos, el voluntariado no es solo trabajo; es su forma de resistir y proteger la dignidad humana.
Emprender entre escombros: Liubov e Inna
La resiliencia tiene rostro de mujer. Liubov, madre de cuatro hijos, huyó de Kherson para fundar en Mykolaiv un centro de desarrollo infantil gracias al programa REBOOT. Por su parte, Inna, refugiada en Polonia con su hijo con autismo, pasó de la incertidumbre a regentar su propio salón de manicura, ofreciendo empleo a otras personas desplazadas. Sus historias demuestran que, incluso lejos del hogar, es posible sembrar futuro.
El anhelo de lo cotidiano: Milana y Alla
En Kiev, la pequeña Milana (8) ya no recuerda cómo era la vida antes de las sirenas. Mientras estudia coreano y sueña con montar a caballo cuando la paz llegue, su familia mantiene siempre lista una “maleta de emergencia” junto a la puerta. A cientos de kilómetros, en la región de Sumy, Alla pone voz al crudo invierno: “Cuando bombardearon la central, me puse toda la ropa que tenía y aún así me congelaba”. Gracias a la instalación de calentadores de gas por parte de Cruz Roja, Alla ha recuperado el calor en su hogar, pero su deseo sigue siendo el mismo que el de Milana: “Prefiero pasar frío que vivir entre bombas; que esto termine de una vez”.
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El impacto del Movimiento de la Cruz Roja en cifras
El despliegue del Movimiento Internacional ha alcanzado una escala global, activando la solidaridad de 60 Sociedades Nacionales en toda la red de Cruz Roja, en 45 países. Esta unión ha permitido atender a un total de 23,4 millones de personas gracias a la movilización de 2.400 millones de euros gracias al apoyo de la ciudadanía, gobiernos y socios corporativos, y al compromiso de 133.000 voluntarios y voluntarias de todo el mundo que han decidido no mirar hacia otro lado.
El impacto es tangible en servicios críticos, destacando la cobertura de necesidades básicas para 21,5 millones de personas, el acceso a agua y saneamiento para 5,5 millones y la implementación del mayor programa de salud mental en la historia de la Organización en Europa, con más de 2 millones de asistencia prestadas.
La realidad sobre el terreno sigue siendo alarmante
Sin embargo, la realidad sobre el terreno sigue siendo alarmante con 12,8 millones de personas afectadas solo en el último año. El mapa del desplazamiento muestra una herida abierta: mientras 5,9 millones de personas permanecen fuera de Ucrania, en el interior del país hay 3,7 millones de desplazadas internas viviendo en condiciones de extrema fragilidad. Aunque se registran retornos, estos suelen ser intermitentes o forzados; la mayoría de personas que vuelven lo hacen para comprobar la situación de seguridad, atender a familiares o evaluar las condiciones mínimas para la supervivencia.
A pesar de que las necesidades no dejan de intensificarse, el apoyo internacional comienza a mostrar signos de agotamiento. Fuera de Ucrania, la asistencia humanitaria ha experimentado una caída drástica del 14% interanual, dejando a miles de hogares desprotegidos. Esta tendencia preocupa especialmente ante la modalidad de asistencia en efectivo, que ya ha distribuido más de 257 millones de CHF (francos suizos) a casi dos millones de personas para devolverles su autonomía. En un contexto donde los ahorros de las familias se han agotado tras cuatro años de crisis, la continuidad de estos fondos es vital para que el regreso a casa o la estancia en los países de acogida sea una opción digna y no una condena.
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La aportación de Cruz Roja Española: un despliegue estratégico
Ante este difícil escenario, Cruz Roja Española ha consolidado un despliegue estratégico que va mucho más allá del envío de suministros, priorizando la autonomía de la población frente a la destrucción. Su labor sobre el terreno se articula en tres ejes: la respuesta inmediata a emergencias, el fortalecimiento de las capacidades locales y la recuperación de medios de vida.
Cruz Roja Española ha atendido a más de 167.00 personas procedentes del conflicto
Esta última es clave, ya que ofrece itinerarios personalizados de empleo, formación y apoyo al emprendimiento para que las familias recuperen su estabilidad económica. Este compromiso se traduce en recursos tangibles y vitales, especialmente durante el invierno, con la distribución de 112 generadores eléctricos, la puesta en marcha de 18 estaciones de energía y el envío de miles de artículos de primera necesidad, desde kits de higiene y comida familiar hasta materiales de refugio como toldos y mantas. El impacto técnico y humano también se refleja en el despliegue de 40 delegados especialistas y en el soporte remoto para la gestión de datos y software de voluntariado, asegurando que la ayuda sea eficiente y coordinada.
Pero la labor no se detiene en las fronteras de Ucrania. En territorio nacional, Cruz Roja Española ha atendido a más de 167.00 personas procedentes del conflicto y ha acogido a 62.737. Esta respuesta integral ha movilizado a más de 15.000 voluntarios y voluntarias en España, quienes han aportado su granito de arena en la asistencia social, el apoyo psicosocial o las actividades de ocio para más de 12.000 niños y niñas que han visto su infancia interrumpida por la guerra.

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Un llamamiento a la Humanidad
Tras cuatro años de escalada del conflicto, en los que ha habido repetidos ataques sobre infraestructuras (lo que agrava todavía más las necesidades existentes), la crisis en Ucrania pone en jaque, sobre todo, las vidas cotidianas. La combinación de ofensivas implacables y temperaturas glaciales ha dejado a comunidades enteras en una oscuridad que es, en sí misma, una amenaza vital: sin electricidad no hay ascensores para personas mayores, ni calefacción para personas enfermas, ni posibilidad de cocinar o pedir auxilio.
Esta situación ha disparado los riesgos de hipotermia y enfermedades respiratorias, mientras que el aislamiento y la incertidumbre erosionan profundamente la salud mental de la población. En este contexto, la labor de Cruz Roja es el último dique de contención, interviniendo desde la asistencia inmediata en los lugares de los ataques hasta la reparación de viviendas e infraestructuras críticas que permitan a las familias recuperar un mínimo de dignidad bajo el frío.
Sin embargo, el motor de esta ayuda se enfrenta a un obstáculo crítico: la financiación humanitaria se agota justo cuando las necesidades alcanzan su punto más alto. El llamamiento de la FICR para 26-27 arrastra un déficit de más de 260 millones de francos suizos, una carencia de fondos que ya se traduce en retrasos en reparaciones esenciales y falta de servicios básicos. Para millones de personas, el regreso a casa no es un acto de recuperación, sino de desesperación ante unos ahorros agotados que en Europa se consumen mayoritariamente en pagar una vivienda básica. Sin una intervención urgente en programas de recuperación de medios de vida y apoyo comunitario, el ciclo de desplazamiento y pobreza amenaza con volverse permanente para los colectivos más vulnerables como personas mayores y personas con discapacidad.
En medio de esta fatiga internacional, el compromiso de Cruz Roja permanece inalterable bajo el principio de Humanidad: ayudar allí donde hay necesidad, sin tomar partido y presente en todos los puntos de la línea de frente. En el corazón de esta resistencia están las personas voluntarias, vecinos y vecinas que arriesgan su propia seguridad para cuidar de la gente y comunidades locales que luchan por revitalizar sus negocios y su futuro.
Para que esta luz no se apague es imperativo proteger el espacio humanitario de intereses políticos y asegurar un apoyo económico que permita seguir adelante. Porque, en última instancia, el fin del sufrimiento en Ucrania depende no solo de la asistencia material, sino de la voluntad global de no permitir que esta crisis caiga en el olvido.
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El momento de ayudar es ahora
El compromiso de la población sigue siendo clave para proteger a quienes afrontan este conflicto. Si tu situación te lo permite, te invitamos a colaborar para mantener viva la esperanza en Ucrania. Haz clic aquí para ayudar.
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