El bienestar emocional no es solo una cuestión personal: el entorno también importa - Ahora
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- La Memoria 2025 de la Fundación Cruz Roja Española alerta de que el 30% de la población presenta un bienestar emocional negativo y señala la soledad, la precariedad y las situaciones de vulnerabilidad como factores determinantes
Hablar de bienestar emocional no es hablar únicamente de cómo se siente cada persona. También es hablar de las condiciones en las que vive, de sus vínculos, de su situación económica, de su acceso a los servicios y de la comunidad que la rodea. Esta es una de las principales conclusiones de la Memoria 2025 de la Fundación Cruz Roja Española, dedicada al bienestar emocional y la vulnerabilidad.
El documento parte de una idea central: aunque el bienestar se experimenta individualmente, está condicionado por factores sociales y por el entorno. Durante 2025, más de 60 personas expertas de 37 organizaciones, junto con personas con experiencia en primera persona y ciudadanía, participaron en el análisis a través de las #ConversacionesHumanitarias.
Tres de cada diez personas, con un bienestar emocional negativo
Uno de los datos más destacados de la investigación es que el 30% de las personas entrevistadas declara experimentar un bienestar emocional negativo. El estudio, basado en 1.000 encuestas a población de entre 18 y 75 años, entrevistas y aportaciones de 37 personas expertas, identifica además una relación clara entre la acumulación de situaciones de vulnerabilidad y el deterioro del bienestar emocional.
La investigación señala que, cuando una persona acumula tres o más situaciones de vulnerabilidad, la probabilidad de presentar un bienestar emocional negativo se duplica. Entre los factores que aparecen asociados al malestar se encuentran el aislamiento social, la precariedad y las dificultades relacionadas con la salud mental. El impacto es especialmente significativo entre mujeres jóvenes, personas migrantes y hogares en situación de vulnerabilidad.
La edad también aparece como una variable relevante: los indicadores de bienestar aumentan a medida que avanza el ciclo vital, mientras que las generaciones más jóvenes comunican con mayor frecuencia emociones como miedo, tristeza o apatía.
La soledad también puede aparecer en compañía
La soledad no deseada afecta al 20% de la población analizada, porcentaje que aumenta hasta el 35% entre las personas jóvenes y el 22% entre las mujeres. La investigación la relaciona con un mayor riesgo de malestar psicológico y deterioro físico.
Además, no aparece aislada de otras vulnerabilidades. La soledad se cruza con situaciones como la discapacidad, la migración, la precariedad económica o vivir en un hogar unipersonal. Frente a ello, el estudio identifica las redes comunitarias y la participación vecinal como factores protectores.
La conclusión obliga también a revisar la idea de qué significa esa soledad. Como recoge la memoria a partir de los testimonios participantes: se puede estar rodeado de personas y, sin embargo, sentirse invisible.
La precariedad económica también afecta a las emociones
La situación laboral aparece igualmente vinculada al bienestar. El 11% de las personas entrevistadas se encuentra en desempleo o empleo informal y, dentro de este grupo, un 20% manifiesta graves dificultades para llegar a fin de mes. Según los resultados recogidos en la memoria, la inseguridad laboral y los salarios bajos duplican la probabilidad de presentar un bienestar emocional negativo.
El impacto es mayor en determinados colectivos, entre ellos mujeres, jóvenes y personas migrantes. La investigación pone así sobre la mesa una cuestión que va más allá de la atención psicológica: las condiciones materiales de vida también forman parte de la prevención y el cuidado emocional.
La inseguridad laboral y los salarios bajos duplican la probabilidad de presentar un bienestar emocional negativo
Migrar también implica reconstruirse emocionalmente
Las personas migrantes participantes en el estudio reportan niveles superiores de ansiedad, estrés y soledad. Entre las principales barreras identificadas aparecen el idioma, el reconocimiento de las cualificaciones profesionales, el empleo informal y los trámites relacionados con extranjería.
En el caso de las mujeres migrantes que son madres solas, estas dificultades pueden acumularse y generar una triple carga relacionada con el género, el origen y la situación socioeconómica. La investigación también recoge el impacto que puede tener el discurso social estigmatizante, asociado a sentimientos de inseguridad e invisibilidad.
De la atención individual a una respuesta comunitaria
Ante este escenario, la memoria plantea 16 recomendaciones, que abarcan desde cambios estructurales hasta medidas vinculadas a la experiencia cotidiana de las personas. Entre ellas figuran integrar el apoyo emocional en los programas de intervención, reforzar las redes comunitarias, facilitar el acceso a servicios psicológicos y jurídicos, impulsar la educación emocional durante todo el ciclo vital y considerar la protección socioeconómica como una forma de prevención sanitaria.
También se propone desarrollar servicios de respiro, horarios flexibles y prestaciones para quienes cuidan de menores o personas mayores, así como promover un liderazgo empresarial más sensible e integrador.
El mensaje que atraviesa las conclusiones es que el cuidado emocional no puede recaer exclusivamente sobre cada individuo. La memoria plantea la necesidad de construir entornos que cuiden y de fortalecer las relaciones y redes que permiten afrontar las situaciones de vulnerabilidad.
Juventud, redes sociales e inteligencia artificial
La dimensión digital ocupa un lugar destacado en las reflexiones de 2025. Las #ConversacionesHumanitarias abordaron, entre otros temas, la hiperconectividad, la desinformación emocional y el impacto de la sobreinformación y la polarización sobre el bienestar colectivo.
En una de las sesiones se analizó cómo las redes sociales pueden difuminar la frontera entre emociones naturales y trastornos clínicos, especialmente entre jóvenes, y se subrayó la necesidad de reforzar la alfabetización emocional y mediática.
La Fundación continuó este trabajo en febrero de 2026, con una jornada que reunió a 12 personas expertas y a 25 jóvenes para reflexionar sobre el bienestar emocional en un mundo digitalizado. En estas sesiones se incorporó también un agente de inteligencia artificial basado en el trabajo desarrollado durante 2025.
Las personas jóvenes participantes reclamaron espacios seguros para ser escuchadas y señalaron el potencial de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo, siempre que se preserve la autonomía, la creatividad y el pensamiento crítico.
Construir bienestar es construir comunidad
La investigación y las actividades desarrolladas durante el año apuntan, en definitiva, hacia un cambio de mirada: el bienestar emocional no puede entenderse al margen de las condiciones sociales y de las relaciones que sostienen a las personas.
La soledad, la precariedad, la discriminación, la migración, la hiperconectividad o la falta de acceso a determinados recursos no son fenómenos independientes. Pueden acumularse y aumentar la vulnerabilidad emocional. Por eso, las respuestas propuestas combinan educación emocional, apoyo psicológico, protección socioeconómica, redes comunitarias y entornos digitales más saludables.
La memoria resume esta perspectiva en una idea: la resiliencia no se construye en soledad, sino en comunidad. Y ese planteamiento sitúa el bienestar emocional no solo como una cuestión de salud individual, sino como un reto colectivo que requiere comunidades capaces de cuidar, escuchar y acompañar.
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