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Conserje, peluquero o dependienta: formarse como herramienta de integración
EMPLEO
Conserje, peluquero o dependienta: formarse como herramienta de integración
24/02/2026
ESCRITO POR:
ENTREVISTA POR:
Cruz Roja
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ENTREVISTA POR:
Cruz Roja
  • Comprender que no todas las personas tenemos las mismas oportunidades para acceder a un empleo es clave para entender nuestra posición en la sociedad. En este contexto, Melilla, marcada por su diversidad cultural y social, concentra colectivos con grandes dificultades para acceder al empleo y, por ende, integrarse plenamente en la sociedad. En estos casos, la oportunidad de formarse se convierte en aliento. 

Para dar respuesta a esta necesidad, el área de educación de Cruz Roja en Melilla lleva desarrollando desde 2006 programas formativos para poder empoderar desde la educación y la profesionalización a estos colectivos vulnerables. “Nuestro principal objetivo es la inclusión social y laboral de quienes más lo necesitan”, explica Toñi San José Izquierdo, directora del área de educación de Cruz Roja en Melilla.

Estos programas, subvencionados por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, buscan atender y dar oportunidades al elevado número de personas jóvenes que se quedan fuera del sistema educativo reglado sin completar los estudios básicos, así como al gran número de menores sin escolarizar. “Estas formaciones van más allá de la obtención de un empleo, fomentan la autonomía, la responsabilidad, las habilidades sociales y la confianza personal. Para muchos participantes, es la primera oportunidad real de sentirse parte activa de la sociedad. Este año estamos consiguiendo muy buenos resultados. Son unos programas muy satisfactorios”, remarca Toñi San José.  

Actualmente, Cruz Roja en Melilla ofrece tres programas específicos: Auxiliar de comercio y almacén, Auxiliar de conserjería y Auxiliar de estética y peluquería. Estos dos últimos están dirigidos a alumnado con necesidades educativas especiales, generalmente personas con discapacidad intelectual. Estas formaciones combinan módulos profesionales de grado básico o certificados de profesionalidad de nivel 1, competencias básicas de lengua y matemáticas, y talleres transversales que incluyen habilidades sociales, prevención de adicciones, hábitos saludables, primeros auxilios, educación vial y respeto por el medioambiente. La última fase de cada programa consiste en prácticas en empresas reales, lo que ofrece al alumnado la posibilidad de acceder a un empleo al finalizar su formación.  “Se trata de una educación para la vida, donde los y las participantes adquieren herramientas que les permiten integrarse socialmente y reconducir conductas que dificultan su inclusión”, señala la directora del área de educación de Cruz Roja en Melilla.  

Estos programas presentan desafíos significativos, ya que la juventud desescolarizada suele presentar competencias lingüísticas limitadas, baja autoestima o situaciones económicas complicadas, mientras que el alumnado con discapacidad intelectual necesita apoyos específicos para desarrollar su empleabilidad. Aun así, la experiencia demuestra que la formación inclusiva transforma vidas. “Lo más satisfactorio es comprobar cómo, a lo largo del programa, el alumnado va evolucionando y haciéndose más consciente de la oportunidad que se le brinda. Además, en algunos casos, el alumnado termina contratado en la empresa donde realizó las prácticas formativas, y eso es un gran éxito para ellos, ellas y para nosotras.”, concluye Toñi San José. 

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