Noche de San Juan: el despliegue de Cruz Roja en playas - Ahora
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Noche de San Juan: el despliegue de Cruz Roja en playas
NOCHE DE SAN JUAN: EL DESPLIEGUE DE CRUZ ROJA EN PLAYAS
Humanidad
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Cruz Roja
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La noche de San Juan es, por excelencia, la fiesta que inaugura el verano en España. Una cita grabada en el calendario donde el fuego y el agua se convierten en los grandes protagonistas, y en la que miles de personas de distintos puntos de la geografía española se congregan en las playas para celebrar y disfrutar. Sin embargo, para lo que la ciudadanía es una jornada de diversión y ritos compartidos, para Cruz Roja representa uno de los desafíos preventivos más complejos y exigentes de todo el año.
La diversidad geográfica de nuestro país obliga a la Organización a diseñar dispositivos prácticamente “a la carta”. No es lo mismo vigilar el Atlántico gallego, con sus mareas vivas, que coordinar la seguridad en kilómetros de costa abierta en el Mediterráneo andaluz, donde el turismo, por ejemplo, es evidente en estas fechas. Visitamos dos de los grandes epicentros de esta festividad, A Coruña y Málaga, para descubrir cómo se prepara Cruz Roja cuando la noche se llena de fuego.
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A Coruña: la gestión del fuego y la marea en el Atlántico
En A Coruña, la noche de San Juan es una fiesta de Interés Turístico Internacional. La imagen de las playas urbanas de Riazor y Orzán iluminadas por miles de hogueras es icónica, pero tras esa estampa hay mucha más preparación de lo que se podría pensar. Al frente de este despliegue se encuentra Samuel Fernández Redondo, director provincial del área de Socorros de Cruz Roja en A Coruña y responsable del servicio preventivo de San Juan.
“En A Coruña el foco se vuelca por completo en la playa de Riazor-Orzán, aunque en los barrios también se vive una gran movida vecinal con las sardinhadas autorizadas”, explica Fernández. El dispositivo arranca temprano, a las 19 horas, cuando se corta el tráfico de la avenida principal de cuatro carriles frente a la playa. Es ahí, en la zona conocida como La Coraza, un espigón entre Riazor y Orzán, donde Cruz Roja levanta su puesto sanitario avanzado.
Un equipo de unas 37 personas (entre médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, técnicos y técnicas de ambulancia y operadores de radio, en su mayoría voluntarios y voluntarias) se prepara para el momento crítico: la franja entre las doce y media de la noche y las cuatro de la madrugada, cuando las llamadas del 112 y el 061 se multiplican.
Para gestionar la seguridad de una masa humana rodeada de fuego y humo, la playa se sectoriza. “Utilizamos las banderas de los accesos de las escaleras para dividir la playa por sectores. Cada puesto de socorro asume un tercio del arenal y el central se gestiona desde la Coraza, movilizando vehículos 4x4 si es necesario”, relata el responsable.
"Utilizamos las banderas de los accesos de las escaleras para dividir la playa por sectores"
Afortunadamente, el perfil de las asistencias ha cambiado con los años gracias a las campañas de sensibilización del Ayuntamiento. “Antaño la gente quemaba de todo y usaba químicos o barnices. Ahora solo se permite madera específica y las quemaduras suelen ser menores; casi no vemos grandes quemados de tercer grado”, aclara Samuel Fernández, que agrega que “hoy en día, la mayor parte de las intervenciones se vinculan a situaciones etílicas o traumatismos craneoencefálicos por caídas, contusiones o alguna pelea”. 
Además, el Atlántico impone sus propias reglas: la marea dictamina el espacio disponible y la consecuente retirada de las personas. “Un año la marea alta nos obligó a vaciar la playa muy pronto; este año la bajamar es a las seis de la mañana, por lo que habrá más espacio de playa y la salida de la gente se prevé más paulatina”, comenta.
Aun así, para el equipo de A Coruña, la noche no termina cuando se apaga la última brasa. Aunque el dispositivo se retira a las 7 de la mañana tras el tradicional desayuno de cierre, el trabajo se prolonga. “Hay que reorganizar el material y hacer una limpieza profunda, porque en San Juan hay un factor recurrente: todo, desde los uniformes hasta las ambulancias, huele a brasa, y hay que meter el camión de ozono”, concluye Fernández Redondo, destacando que el verdadero triunfo es “el trato humano, atender y estar al lado de las personas”.
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Málaga: el desafío de la dispersión y la protección de la juventud
Cruzamos la península hacia el sur. En Málaga, la tradición dicta cenar en la playa, saltar la hoguera y cumplir con el ritual de meter los pies en el agua o bañarse a medianoche. Aquí, la fisonomía de la fiesta cambia: ya no es una única playa urbana masificada, sino una sucesión de municipios a lo largo de la Costa del Sol en los cuales ya hay presencia de turistas.
David Martín es el responsable de los servicios preventivos de Cruz Roja en Málaga y explica que la labor comienza semanas antes, asesorando a los ayuntamientos que prevén un alto riesgo por aglomeración. “Diseñamos un dispositivo acorde y específico para cada municipio”, explica.
En Málaga capital, el punto neurálgico es la playa de la Misericordia, donde se despliegan dos ambulancias y una embarcación. En Marbella cuentan con una ambulancia medicalizada, y en el Rincón de la Victoria (un punto de gran concentración de menores y familias en la playa del Tajo) levantan un puesto sanitario completo que cuenta con un médico, enfermeros, diez socorristas y dos ambulancias. Incluso en localidades más pequeñas como Benajarafe se sitúa una ambulancia con enfermería debido a la notable afluencia de público.
“Diseñamos un dispositivo acorde y específico para cada municipio”
A diferencia del norte, el clima y la temperatura del Mediterráneo invitan de forma directa al baño nocturno, lo que redefine los riesgos. “Al ser dispositivos nocturnos, lo que más encontramos son intoxicaciones etílicas; eso es lo que predomina”, señala Martín. “El peligro principal surge cuando se junta la ingesta de alcohol con el mar. La gente se mete al agua a medianoche, a veces más hacia adentro de la cuenta, sin saber cómo está la corriente de resaca o el oleaje. Los traumatismos por caídas o quemaduras aquí son menores”.
El perfil del asistente en la costa malagueña es, además, un reflejo de las fechas: “Es un público mixto. Coincide que el colegio termina esta semana, los mayores ya han acabado la Selectividad y están de vacaciones, y se junta la población local con la gente que llega a los hoteles o a sus segundas residencias”.
En cuanto al fin de la fiesta, el dispositivo de Málaga termina pasada la medianoche, “alrededor de las dos de la mañana en Málaga capital y en el Rincón de la Victoria”. “A medianoche se corta la música de los conciertos y la policía empieza a realizar un ‘barrido’ en la playa para invitar a la gente a marcharse antes de que el alcohol juegue malas pasadas”, concluye Martín.
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Dos costas, una misma vocación
Tanto en el Atlántico coruñés como en el Mediterráneo malagueño, el éxito de la noche de San Juan no se mide por la espectacularidad de las hogueras, sino por la capacidad de respuesta y la prevención. El esfuerzo coordinado de los profesionales y el voluntariado de Cruz Roja demuestra, un año más, que detrás de los rituales estivales siempre hay un equipo velando en la arena.
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