Eduki publikatzailea

Un grupo capaz de transformar el dolor en amor
INGURUMENA
Un grupo capaz de transformar el dolor en amor
09/02/2026
IDAZLEA:
ELKARRIZKETAGILEA:
Cruz Roja
IDAZLEA:
ELKARRIZKETAGILEA:
Cruz Roja
  • La pérdida de un ser querido llega y deja en quien lo padece una marca que pesa. Aprender a transitar por ese dolor no es tarea fácil. Por eso, encontrar a personas que han pasado por una situación similar y compartir juntas esa carga puede convertirse en una “tabla de salvación”.

Francis tiene 62 años y es voluntaria de Cruz Roja en Ciudad Real. Su primer recuerdo con la Organización es poco común, pero, con el tiempo, marcaría un antes y un después en su vida. Por aquel entonces, Francis vivía en su país natal, concretamente en Ciudad de México. Tenía 18 años cuando un accidente de tráfico detuvo su vida por un tiempo. “Recuerdo que fue Cruz Roja quien me asistió tras aquel choque. Fueron ellos los primeros en atenderme; me salvaron la vida”, recuerda.

Pasaron los años y, en 2021, Francis llegó a España. Por los estudios de sus hijos, se instaló en Ciudad Real. En México, trabajaba en una fundación, pero al no poder continuar con esa labor aquí, sintió la necesidad de seguir ofreciendo su ayuda de alguna manera. Así que comenzó a informarse y, finalmente, se reencontró con Cruz Roja. Esta vez fue ella quien les tendió la mano al ofrecerse como voluntaria. “Desde que llegué pasé por numerosos proyectos relacionados con España despoblada, mujeres migrantes, sinhogarismo, etc. La verdad que es de admirar la labor de Cruz Roja en Ciudad Real. Cuando sientes ese apoyo y te ofrecen tantos recursos, es un regalo ser voluntaria”, afirma Francis.

Tras su experiencia en otros proyectos,  la voluntaria Francis, con el apoyo del personal técnico de la Organización, puso en marcha un taller de duelo dirigido a personas mayores. “La idea era impartir un taller de doce sesiones para personas que estuvieran pasando por una pérdida. El grupo comenzó a agarrar tanta fuerza y tuvo tan buena acogida que al acabar dichas sesiones el grupo no se disolvió. Tres años después ahí seguimos. Se ha convertido en un auténtico grupo de ayuda mutua”, cuenta orgullosa Francis.

Loren es una de las usuarias de este pequeño gran grupo. Su marido falleció hace dos años y para ella, este grupo de ayuda mutua se ha convertido en su “tabla de salvación”. “Cuando entré en el grupo lo tenía muy reciente y para mí, reunirme con ellas cada viernes me ha ayudado muchísimo. Al final, son personas que han pasado por lo mismo que yo y, de una manera u otra, nos une el mismo dolor”, expresa la usuaria.

Al tiempo, la voluntaria Francis, por motivos personales, tuvo que mudarse a Asturias. A pesar de la distancia, consiguió mantener el grupo de manera online, y este no solo perduró, sino que fue más allá del encuentro semanal de los viernes. “Quedamos fuera de Cruz Roja, hacemos viajes y, sobre todo, sabemos que nos tenemos las unas a las otras cuando nos hace falta hablar y desahogarnos. Lo que Francis ha conseguido es precioso. Ella es un remanso de paz. Su calidez y su apoyo han sido fundamentales para que el grupo se mantenga aún estando ella fuera”, añade Loren.

Y así lo demostraron el pasado 22 de enero durante la actividad Bosque de Memoria, que compartieron presencialmente junto a Francis en la Atalaya de Ciudad Real. El lugar fue elegido no solo por su valor emocional para muchas participantes, sino también porque Cruz Roja en Ciudad Real había plantado allí más de 3.000 árboles como parte de su compromiso con la compensación de la huella de carbono generada por su actividad.

El reencuentro del grupo con Francis, acompañado por voluntariado y el área de Medio Ambiente, se convirtió en un acto cargado de simbolismo. Cada mujer plantó su propio árbol como homenaje a sus seres queridos. “La actividad del árbol es muy común en los procesos de duelo: se parte de la fragilidad, se transita el dolor y poco a poco ese dolor se transforma en amor”, explica Francis. “Sembrar vida fue, para ellas, una manera de honrar la memoria de quienes ya no están y de reafirmar su propia fortaleza”, recalca.

Allí, entre cartas, palabras y silencios compartidos, las participantes se implicaron plenamente en la actividad. Ejemplo de ello fue Manoli, una de las usuarias del grupo, que habitualmente necesita andador para desplazarse. Ese día, sin embargo, se agachó para plantar su árbol sin pensar en las limitaciones físicas. “Se le olvidó todo. Fue una entrega absoluta, al grupo y a la actividad”, recuerda Francis con emoción.

Y es que, como bien saben las mujeres de este grupo, el dolor no desaparece, pero puede transformarse. Y en ese pequeño bosque, donde cada árbol representa una historia de amor, las raíces ya han empezado a crecer.

Humanidad

Unidad



Botones Donaciones

ahoraRelatedNews

Banner Home

IRAKURRI INTERESATZEN ZAIZUNA
Harpidetu gure newsletterra eta aurkitu milioi bat istorio txiki.