Ser un salvavidas desde prisión - Ahora
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- Para las personas privadas de libertad el tiempo que pasan en prisión supone mucho más que un periodo de aislamiento social. Su estancia conlleva lidiar no sólo con la condena, sino con esos entramados psicológicos, emocionales y físicos que llevan a sus espaldas.
Y es ahí cuando las Instituciones Penitenciarias en colaboración con diferentes entidades sociales, como es el caso de Cruz Roja, trabajan para dar respuesta a todas las necesidades que surgen en el ámbito penitenciario. Todo ello con el objetivo de alcanzar una reinserción social, una vez cumplida su pena.
Entre las distintas problemáticas que acarrean las personas internas, las adicciones constituyen uno de los principales factores de vulnerabilidad. En este sentido, el Centro Penitenciario de Mallorca cuenta con el módulo UTE (Unidad Terapéutica y Educativa), un modelo de intervención penitenciaria que promueve un espacio seguro y libre de drogas donde se busca que las personas consigan deshabituarse del consumo y mejoren de manera integral su calidad de vida de cara a una futura salida a la calle. “De manera voluntaria las personas internas solicitan formar parte de este módulo, y después de una selección y una valoración acceden a este espacio. Sobre todo, nos encargamos de darles estructura a su día a día en prisión. Cuando consumen se olvidan de todo lo demás, se van deteriorando y se olvidan de su persona. Aquí intentamos que vuelvan a pensar en ellos y ellas, que recuperen su autonomía”, detalla Jordi Roca, coordinador del módulo de la Unidad Terapéutica y Educativa (UTE) del Centro Penitenciario de Mallorca.
Dentro de este módulo se les ofrece una serie de herramientas, horario y obligaciones que han de ir asumiendo desde el compromiso, la confianza y la autogestión. “Los propios usuarios son los que se exigen entre ellos, se acompañan y se retan. Es un proceso largo. Por decirlo de alguna manera, nosotros sólo ponemos el escenario, los protagonistas son ellos y ellas, y eso requiere tiempo, constancia y motivación”, remarca el coordinador.
Los cambios físicos, como una mejora en el cuidado personal, la higiene o el estado de salud, así como una actitud más positiva ante el día a día, suelen ser indicadores significativos de un proceso de recuperación en un contexto de privación de libertad. Sin embargo, este camino está lleno de dificultades y posibles recaídas. Por ello, entidades como Cruz Roja desempeñan un papel fundamental, ofreciendo apoyo, acompañamiento y respaldo en esos momentos de duda, desánimo o retroceso que pueden sentir las personas internas. “Nuestra labor principal es la de colaborar con Instituciones Penitenciarias para poder ofrecer una respuesta a las necesidades que se detectan. Además, nos coordinamos directamente con la dirección del centro y con el equipo técnico del mismo, para cualquier necesidad que pueda surgir y con el resto de las entidades que colaboran”, presenta Xisco Torà, coordinador del área de Atención Penitenciaria de Cruz Roja en Baleares.

- De izquierda a derecha: Patricia agudo, psicóloga; Xisco Torà Coordinador; Aina Romero, Trabajadora Social.
Mucho más que una toma de contacto con el exterior
La intervención que realiza Cruz Roja en Baleares en el Centro Penitenciario de Mallorca es amplia y variada (apoyo psicosocial, promoción de hábitos de vida saludables, reinserción sociolaboral, atención a drogodependencias, intervención socioeducativa, envejecimiento en prisión, competencias digitales…) Concretamente en el módulo UTE ( Unidad Terapéutica y Educativa), la Organización desarrolla el Proyecto de Atención a Personas con Inadecuada Gestión de su Adicción en prisión donde atienden y hacen seguimiento a las personas internas con el objetivo de que adquieran los conocimientos y las habilidades necesarias para afrontar su proceso de recuperación, sin olvidar, por supuesto, esa parte emocional y psicológica. “Buscamos que desarrollen herramientas para gestionar emociones, mejorar las relaciones interpersonales, fortalecer su autonomía y adquirir recursos que les permitan mantener hábitos saludables y construir un proyecto de vida al margen del consumo de sustancias y de otras conductas adictivas que tanto daño han traído a sus vidas”, defiende Patricia Agudo, psicóloga de área penitenciaria de Cruz Roja en Baleares.
Además, entre las diferentes actividades, dinámicas y talleres que imparte Cruz Roja en el centro, el pasado mes de mayo se organizó una salida a la isla de Cabrera, un momento cargado de valor para las personas privadas de libertad.
La salida consistió en un voluntariado ambiental para colaborar con el área de medioambiente de Cruz Roja en la limpieza y mantenimiento del Parque Natural. “Quiero destacar el ímpetu y el desempeño de las personas internas. No pararon ni un momento y eso es de valorar. Después fuimos a comer, tuvimos un rato de descanso y volvimos de nuevo en barco hasta la Colonia de Sant Jordi, donde antes de partir hacia Palma, pudimos disfrutar de un helado en uno de los locales de esta bonita localidad. Para las ocho personas que pudieron asistir, fue una auténtica experiencia, aprovecharon cada segundo de la actividad para observar el medio, aprender y compartir esos momentos con el resto del grupo”, asegura Xisco Torà.

Y es que salidas como esta pueden significan mucho para las personas internas, ya que no son simples excursiones, sino que se convierten en una oportunidad más para conocer otras maneras de ocio saludable y diferentes opciones de ocupar su tiempo alejados de los factores que los llevaron a su situación actual, como pueden ser el consumo de sustancias, la adicción o las malas compañías. “Poder contar con una entidad como Cruz Roja en el centro es fundamental en su proceso. El equipo técnico y voluntario es maravilloso, siempre están predispuestos. La verdad es que Cruz Roja es un salvavidas para ellos y ellas”, concluye Jordi Roca.
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