Natalia Díaz (Medianoche): “No existe el sharenting seguro ni respetuoso” - Ahora
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Natalia Díaz, conocida digitalmente como Medianoche, es una destacada divulgadora y figura clave en la concienciación sobre el sharenting en España. A través de sus plataformas y su libro Protege a tus hijos de la sobreexposición en la red, analiza con rigor los riesgos de la sobreexposición de menores en redes sociales, abordando temas como la pérdida de privacidad, la huella digital y la monetización de la infancia por parte de creadores de contenido. Gracias a su capacidad crítica y analítica, se ha consolidado como una voz referente para familias y profesionales que buscan entender el impacto del ecosistema digital en niños, niñas y adolescentes en la actualidad.
¿A qué nos referimos cuando hablamos de sharenting?
El sharenting es documentar el día a día de los hijos en las redes sociales. No solamente con imágenes y vídeos, sino explicando todo aquello que pertenece a la intimidad y al día a día de los menores, como información privada.
¿A qué responde esa necesidad de compartir?
Muchas veces me he hecho esta pregunta. La privacidad es algo que siempre se ha valorado muchísimo. Pero hemos pasado de un extremo al otro. Antes te molestaba que tu vecino supiera cualquier cosa de ti pero ahora expones en redes sociales lo que has comido, los lugares a los que has ido, si has visto una película o serie, o cuándo y dónde vas a celebrar tu cumpleaños.
Creo que responde a la irrupción de las redes sociales. Nos empezó a parecer divertido publicar cualquier cosa y que se pudiera ver al otro lado del mundo. Tampoco teníamos tanta información como hoy sobre sus consecuencias y efectos. La llegada de Internet y el nacimiento de algunas plataformas han provocado esta pérdida de privacidad. Y eso, queramos o no, también arrastra a nuestros hijos.
¿En qué momento comienzas a hablar sobre ello tú?
Llevo ya nueve años divulgando sobre sharenting. Mis hijos ya son mayores de edad, adultos. A mí, entre comillas, esto no me afecta. Y tampoco tengo una motivación personal porque me haya sucedido algo con este tema. Pero recuerdo que un día estaba en YouTube, mirando vídeos (porque me gustaba mucho el mundo de las recetas) y me encontré con un canal familiar donde se exhibía la vida íntima de los menores. Yo no sabía que eso existía. Me quedé sin palabras. Era un reality, como las series que veíamos en los 80 donde aparecía toda la familia; tenía entradilla, música, te presentaban a los miembros… Como de ficción, pero real. Empecé a ver cómo grababan a esos niños durmiendo, mientras se duchaban, a la hora de comer, cuando jugaban… y me pareció una falta de intimidad tremenda.
Me sentí tan mal viendo todo aquello… como si te pusieras en la puerta de casa de tu vecino y miraras por una rendija lo que hacen sus hijos. Pensé: “Esto tiene que ser ilegal”. No puede ser. Pero, al empezar a investigar, vi que sí estaba permitido. Y no solo había un canal dedicado a esto, sino más; era una forma de ganar dinero y, aunque no estaba regulado, sí totalmente normalizado. A gran parte de la sociedad no le chirriaba, no como ahora (que ha costado también su trabajo).
No podía mirar hacia otro lado. Así fue como empecé.
¿Qué riesgos entraña el sharenting, por ejemplo, a nivel legal?
Estamos hablando del derecho al honor, a la intimidad y a la propia imagen, un derecho fundamental contemplado en la Constitución. Por tanto, los organismos pertinentes deberían velar por que se cumpliera, pero, por el motivo que sea, no es así.
Es cierto que es difícil implantar un mecanismo de protección en redes sociales; es un terreno muy amplio y extenso. Va más allá de que, por ejemplo, salgan niños en anuncios de la tele, o en series. Eso está más controlado. Pero que un padre o madre desde su casa suba contenido de sus hijos… es complejo. Un informe de AVG señala que el 81% de los menores tienen presencia en redes sociales antes de cumplir los seis meses de vida.
El principal peligro que veo es la pérdida de intimidad y la huella digital que deja esta acción. No solo hablamos de cuestiones relacionadas con la pedofilia (que también), sino de traumas o trastornos derivados de esa vergüenza, incluso humillación, de que todo el mundo sepa sobre ti.
A nivel legal hay protección porque existen leyes. La de protección de datos, sin ir más lejos, impide que se pueda exhibir a los menores públicamente sin ningún tipo de motivación que sea beneficiosa para ellos. Y, sin embargo, se está haciendo. El por qué se permite… no lo sé. Lo que sí sé es la excusa que se da: que Internet es algo nuevo y que, por tanto, se necesitaría una legislación más específica que regule el entorno digital.
Más allá de lo legal, tiene repercusiones más en el plano psicológico, digamos; en la intimidad del menor, incluso revelando rutinas, localizaciones habituales…
Totalmente. Algo de lo que se habla muy poco y es un problema que yo encuentro bastante grave es el tema de la geolocalización. Hoy en día, con una sola foto, de un simple vistazo, puedes averiguar dónde está un niño. Ni siquiera hace falta un monumento identificable (por ejemplo, que saques una foto a un niño al lado de la Sagrada Familia); cualquier paisaje genérico se puede localizar. Ya existen métodos para introducir esas imágenes y averiguar dónde han tenido lugar. Por tanto… también hay un poco de inconsciencia. Hay padres que se graban llevando a niños al colegio y publican toda la ruta que siguen de su casa a la escuela; el parque que hay al lado, el uniforme escolar…
Es preocupante y lo peor es que los propios centros educativos también lo están haciendo. Exhiben al alumnado cada día de forma constante, incluso con datos personales, como nombres y apellidos de los propios alumnos. Si te paras a pensarlo es una locura.
Y, si una foto de un menor se publica en un perfil “privado”, ¿está totalmente segura?
Es complicado. Lo que tiene que pensar la gente es que de lo que se sube a Internet se pierde el control automáticamente. Nunca existe, por tanto, la privacidad o seguridad completa en Internet. Es verdad que, si vas a subir algún contenido, resulta preferible que sea una cuenta privada que una pública, a la que todo el mundo puede acceder. Se supone que en las cuentas privadas solo está la gente de tu confianza, pero no es inamovible. Por ejemplo, ha habido vulneración de muchas cuentas en muchas plataformas y se han obtenido datos que presuntamente eran privados. No hay nada seguro. Eso hay que tenerlo en cuenta.
También está el hecho de que no nos leemos las normativas de las propias redes sociales cuando empezamos a publicar en ellas. Cuando tú publicas fotos en cualquiera de estas plataformas de Meta, por citar una, estás cediendo tu imagen o la de tus hijos. Es decir, estás regalando esas fotos para que Meta pueda hacer lo que quiera con ellas. Las normativas tampoco te lo ponen fácil para que puedas estar informado y es fácil caer.
¿Eso quiere decir que no deberíamos publicar ninguna foto con hijos e hijas o existen alternativas más confiables, como taparles la cara o ponerlos de espaldas?
A día de hoy, después de todo lo que he visto y de todo lo que sé… ojalá se prohibiera la publicación de imágenes en las redes sociales. Primero porque no es necesario. A los niños no les beneficia; todo lo contrario, conlleva una serie de riesgos que no entiendo por qué hay que correr. No me entra en la cabeza esa necesidad de tener que compartir con extraños a los menores. La propia policía ha aportado que una gran cantidad de contenido y material de redes pedófilas se consigue a través de las redes sociales de los padres. Son datos comprobados y demostrados.
Por tanto, no hay ninguna necesidad de publicar imágenes de nuestros hijos en redes sociales. Estoy muy segura. No existe el sharenting seguro ni el sharenting respetuoso.
Habrá gente que diga “por una foto…”, pero es que, aun así, no tienes necesidad de subir esa foto. ¿A quién se la quieres mostrar? ¿A ese vecino al que no saludas luego cara a cara? ¿O a una persona que vive al otro lado del mundo? ¿Quién la tiene que ver? Y, además, el hecho de que esto esté permitido conlleva también otra serie de riesgos, como la explotación laboral que existe a día de hoy de los menores.
La realidad es que hay menores trabajando sin ningún tipo de regulación. Niños y niñas que están cansados de ganar dinero para sus padres, que tienen su infancia expuesta y que ahora, cuando son adultas, presentan una serie de traumas que están empezando a explicar. Y no es que tengan ese dinero en el banco. En absoluto. Estamos volviendo otra vez a esa época de Marisol y Joselito, pero en redes sociales.
Estamos en un momento en que la inteligencia artificial puede desnudar cualquier fotografía de menores. Es algo muy serio. Por eso, insisto: no existe ninguna necesidad de subir fotos de menores en redes. Y tampoco con emoticonos, que no protegen absolutamente nada porque se pueden quitar. Igual que existen programas de localización, los hay para eliminar los emoji. Es una moda que hay ahora entre algunos influencers, que ponen un corazón en la cara de sus hijos cuando los exponen. Eso no es protección.
El pixelado o el emoticono sirven cuando no se publica mucho sobre ellos. En una foto familiar puntual y excepcional que compartes, puede tener algún sentido pixelar porque nadie conoce a tus hijos. Pero, ¿qué sentido tiene cuando estás constantemente publicando contenido de tus hijos; los usas para publicidades, explicas su historial médico, o narras su día a día? Laura Escanes, por ejemplo, nunca ha enseñado la cara de su hija, pero siempre que la menciona o explica algo sobre ella, es portada en los medios digitales al día siguiente. El problema es poner el foco en los niños.
Además, la huella digital no se acaba de borrar nunca, ¿no?
Una foto en redes sociales de un niño o niña se puede seguir encontrando 10 años después. Y no pueden hacer nada por controlarlo porque, una vez está en ese espacio, no hay lugar para la protección. Al final, publicas datos íntimos de esos menores y no solo dejas una huella digital: también una identidad digital. Todo lo que forma la personalidad de ese niño se puede construir con lo que hemos subido sobre ellos en redes sociales.
Y también que les puedan poner etiquetas. Tú ves en redes sociales algo de una persona que puede no corresponderse con la realidad. Y no se puede eliminar. Si el día de mañana ese niño o niña quiere borrar sus fotos, no puede. Incluso ahora, cuando vas a una entrevista de trabajo, luego te googlean, te buscan en Internet, a ver qué información encuentran sobre ti. Y, si no les gusta, directamente te descartan. Por tanto, no sabemos hasta qué punto estamos perjudicando a nuestros hijos en esto. Es brutal.
¿Qué repercusiones se generan en los menores, por ejemplo, a nivel confianza con los padres o falta de esta?
Justo estoy hablando con una chica anónima que ha sufrido todo esto. Tiene 30 años, y empezó entre 2007 y 2011 en Facebook. Me cuenta que ha tenido discusiones con su madre porque explicaba todo sobre ella, que gente desconocida sabía dónde vivía y se enteraba de cosas íntimas. Tuvo una situación de abuso con una pareja y esta buscaba información sobre ella en las redes sociales de su madre, lo cual dio lugar a situaciones de acoso. Que una persona que no tenga buenas intenciones sobre ti pueda encontrar tantos datos en redes sociales, con todas las facilidades… es muy fuerte.
Algunos psicólogos hablan de un trauma por traición por los padres, los que más te tendrían que proteger. Esa sensación de “me han vendido”, “por qué mi vida la conoce todo el mundo”, “por qué explicaste esto sobre mí”.
Hay demasiados retos y poca gente. Se habla mucho del sharenting, algo que era impensable cuando empecé, pero realmente hay mucho que hacer. Lo único que me queda es concienciar, alzar la voz, dar cabida a estos testimonios.
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