Residuos que se convierten en oportunidades en Filipinas - Ahora
Publicador de contidos
- Con el apoyo de Cruz Roja, comunidades vulnerables de Filipinas recogen, clasifican y entregan residuos para su reciclaje, convirtiendo los plásticos en una fuente de ingresos y nuevas oportunidades.
En los estrechos callejones de Baseco, un barrio costero densamente poblado de Manila (Filipinas), los residuos son mucho más que basura. Para Emilie Vasquez, las bolsas llenas de plástico que clasifica representan una fuente de ingresos y una oportunidad para su familia. Separa botellas de envoltorios, limpia lo que puede reutilizarse y aparta lo que no. “Antes de que llegara Cruz Roja, ganaba dinero pelando ajos para ayudar a mantener a mi hijo, ya que mi marido ya no puede ayudarnos debido a su edad”, cuenta. Ahora esta actividad le permite tener un sustento y ayudar a mantener limpio su entorno.
La historia de Emilie resume el propósito de un proyecto que demuestra que la economía circular también puede aplicarse a las comunidades más vulnerables. Financiado por la Unión Europea y el Ayuntamiento de Eibar, y ejecutado por la Cruz Roja Filipina, Cruz Roja Española y universidades colaboradores, la iniciativa se ha desarrollado en Manila, Navotas y Zamboanga, en Filipinas, con un doble objetivo: reducir el impacto ambiental de los residuos, especialmente de los plásticos de un solo uso, y contribuir a generar medios de vida sostenibles.
En Baseco, la recogida de residuos empezó para muchas personas como una manera de obtener ingresos, pero ha acabado transformándose en una forma de organización comunitaria. “Decidimos formar un grupo de 21 personas. Así fue como comenzó nuestra asociación”, recuerda Cherel Dungeon, de la Asociación de Bayanihan de Baseco. “La gente se dio cuenta de que nuestro bloque estaba más limpio. Antes se reían de lo que hacíamos. Ahora nos entregan voluntariamente sus residuos de plástico. Recoger y limpiar residuos se ha convertido en nuestro vínculo de unión. Gracias a esto, conseguimos un medio de vida y aprendimos a gestionar un negocio”, agrega.
La experiencia se ha repetido en otros grupos de la zona. Ya hay 12 asociaciones de trabajadores del sector de los residuos en activo. “Todos los miércoles o viernes por la tarde traemos a la Instalación de Recuperación de Materiales los residuos que hemos recogido”, explica Emilie Vasquez, “después de recoger suficiente basura, cada dos semanas la entregamos y donamos a Aling Tindera, una empresa de reciclaje”.
En las instalaciones, los plásticos se clasifican y se limpian antes de pasar por distintas fases del proceso: cinta transportadora, prensa, lavado y secado. El objetivo es que el material pueda reincorporarse a la cadena de reciclaje y, por el momento, está siendo un éxito: en tan solo 8 meses, las asociaciones comunitarias han ayudado a evitar que 3.869 kilos de plásticos de un solo uso terminen en vertederos o en el océano.
El proyecto, por todo lo anterior, combina la sensibilización comunitaria, la colaboración con autoridades locales, el fortalecimiento de pequeños negocios y la puesta en marcha de soluciones de economía circular adaptadas al contexto económico de las comunidades. Porque lo que se desecha también se puede convertir en una oportunidad.
* Cofinanciado por la Unión Europea
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