El reencuentro de Gloria y su hijo Elioth - Ahora
Publicador de contidos
- Durante siete años, Gloria vivió separada de su hijo. Mientras trabajaba como interna en España y estudiaba los fines de semana para construir un futuro más estable, Elioth crecía en Honduras al cuidado de sus abuelos. Hoy, madre e hijo reconstruyen juntos ese tiempo perdido con el apoyo de Cruz Roja en Madrid.
“Mi nombre es Gloria Marleny Guzmán, soy de Honduras, tengo 41 años y llevo 10 años viviendo aquí. Como todos, emigré por mí y por mi hijo, para crecer, porque si yo crezco, él también va a crecer”, se presenta Gloria.
Su viaje, dice, ha sido a la vez gratificante y duro: “Ha sido una experiencia en parte excelente, pero en parte dura porque dejé a mi hijo Elioth con mis padres cuando tenía tres años. Fue difícil y terminé pidiendo ayuda psicológica, pero pensé que quien no se arriesga no sabe cómo le va a ir. Me arriesgué por mi hijo y mi motivación era sacarlo adelante”, detalla Gloria para Zona CREO, el canal de actualidad de contenidos de Cruz Roja en la Comunidad de Madrid.
Al llegar a España, la suerte comenzó a sonreírle: “Crucé el charco y, gracias a Dios, solo estuve un mes sin trabajar: llegué en julio y en septiembre empecé a trabajar con una familia numerosa de cinco niños”. Vivía interna, salía el sábado por la mañana, descansaba domingo y volvía el lunes a primera hora. Así pasaron cuatro años, hasta que llegó la pandemia. Este trabajo con contrato le facilitó regularizar su situación administrativa y, cuando los niños crecieron, la familia le ofreció la posibilidad de marcharse cuando quisiera.
Mientras trabajaba, Gloria también se formó para mejorar su futuro: “Me saqué el certificado de profesionalidad de atención sociosanitaria para personas mayores y dependientes. Lo hacía los fines de semana, quedándome el viernes por la noche y levantándome temprano para estudiar el sábado. Estuve siete meses hasta terminar el curso”.
Cuando terminó, Gloria encontró un nuevo empleo de media jornada que le permitiría pasar más tiempo con su hijo Elioth, cuando éste llegara a España.
El reencuentro con su hijo
“Me dijeron que en abril tendría contrato fijo, entonces compré el billete para traerlo. Había pasado siete años sin él, así que esperé hasta tener estabilidad laboral y vivienda”, explica Gloria.
Se organizó para que su hijo llegara a Madrid una semana antes de que empezaran las clases y que así pudiera acostumbrarse a la casa y a los vecinos. Cuando llegó, tenían ya preparada cita en el Ayuntamiento para el padrón y hueco en el colegio. Sin embargo, la adaptación de su hijo no fue sencilla. Elioth había dejado atrás a sus abuelos, sus amistades y la vida que conocía. Empezar de cero en otro país no iba a ser fácil.
Durante este proceso, una amiga de Gloria le recomendó ir a Cruz Roja para que ayudaran a su hijo en su proceso de integración, a adaptarse al ritmo del colegio, a conocer niños y niñas de su edad y relacionarse mientras ella trabajaba. Y ahí es cuando empezó en el Centro de Día Infantil de Cruz Roja en Madrid.
Gloria reconoce lo importante que fue este espacio en el desarrollo y adaptación de su hijo: “Estoy muy agradecida. Mi hijo avanzó mucho, pudo salir, compartir, y aprender. Fue importante para su madurez y para que yo también aprendiera”.
El vínculo con el proyecto y el centro también fortaleció la relación madre-hijo, y Gloria explica cómo la compañía de Yoli, técnica del proyecto, le ha ayudado mucho: “hemos tenido muchas reuniones, que nos han ayudado a los dos”, confiesa. Yoli explica cómo se abordó el proceso: “Con los adolescentes como Elioth, relativizar situaciones cotidianas es fundamental. También es importante tener un espacio de desahogo con nosotras, donde poder escuchar sus necesidades y poder buscar soluciones. El equipo del colegio, formado por el tutor y la dirección, también colaboró en su adaptación. Con él, el trabajo fue adaptar curricularmente el curso y gestionar el duelo por dejar a sus abuelos y amigos. Todo el conjunto de acciones funcionó porque Gloria fue muy transparente sobre sus demandas y estuvo dispuesta a trabajar la parte emocional y curricular simultáneamente con nosotras. El resto del grupo de niñas y niños del proyecto fue muy arropador y ayudó mucho al niño y a la relación madre-hijo".

El Centro de Día Infantil de Cruz Roja en Madrid es un recurso que apoya a familias, niños y niñas, acompañando en educación, conciliación y desarrollo integral, adaptado a cada familia y necesidad. “Cada casa es un caso. Realizamos entrevistas con las familias, seguimiento constante con ellas para prestar el apoyo necesario adaptado a cada familia. Y con los niños y niñas realizamos actividades, de lunes a viernes en horario de tarde, de ocio educativo y apoyo escolar. Las familias son protagonistas de su historia, se les quita culpa y se les enseña a resolver conflictos y hábitos diarios. También se trabaja la autoestima, la seguridad y la autonomía de los niños”, describe la técnica del proyecto.
Para Elioth, el centro es un lugar de amistad y juegos donde poder estar con sus nuevos amigos y amigas que ha hecho y jugar al fútbol, pero, también, para aprender y explorar nuevos caminos. Por ejemplo, ahora sabe que cuando crezca quiere ser piloto de avión. Aunque no ha sido fácil, Elioth nos comenta su adaptación: “Al principio ni recordaba a mamá, pero ahora estoy contento de haber venido y tenerla cerca”.
El apoyo de Cruz Roja y el proyecto Centro de Día Infantil ha sido clave para la adaptación de Elioth y, sobre todo, para mejorar el vínculo con su madre. Por eso, y por otras cosas, Gloria recomienda el centro a otras familias: “Yo siempre digo que es excelente para familias, sobre todo para que la infancia tenga un espacio seguro”.
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