Aprender a diferenciar bulos de información veraz - Ahora
Publicador de contidos
- En situaciones de emergencia los bulos crecen de manera exponencial. La incertidumbre, el miedo y la necesidad de información inmediata se convierten en un terreno idóneo para que la desinformación se propague con facilidad. Aprender a identificar los bulos y no difundirlos son tareas esenciales para que la consecuencia sea menor.
Estas informaciones cargadas de emoción e impacto se propagan con rapidez en redes sociales como X, WhatsApp o TikTok, buscando indignar al público o socavar la confianza en instituciones y organismos de ayuda.
Cruz Roja, como otras organizaciones humanitarias o instituciones, se ve frecuentemente afectada por este tipo de bulos. Lo presenciamos durante la DANA en Valencia y ahora se repite tras el reciente accidente de Adamuz (Córdoba) dónde la Organización, hasta el momento, ha atendido ya a más de 900 personas afectadas. Y es que este tipo de bulos no sólo repercuten o desprestigian el trabajo de infinidad de profesionales, sino que forman parte de una narrativa recurrente que busca generar crispación y acaba creando una sensación de inseguridad entre la población, y lo que es más preocupante, entre las personas verdaderamente afectadas.
Cómo se propagan los bulos
El 75 % de los bulos se difunden a través de redes sociales, amplificados por algoritmos que priorizan la viralidad frente a la veracidad. En contextos de emergencia, estos sistemas tienden a dar mayor visibilidad a contenidos que generan reacciones emocionales intensas (miedo, indignación o sorpresa), lo que acelera su difusión y dificulta la rectificación posterior.
Además, la desinformación suele circular en formatos breves y visuales, como vídeos cortos, audios o imágenes fuera de contexto, generalmente, a través de canales de mensajería privada. Este tipo de contenidos, al no poder rastrearse fácilmente y transmitirse entre personas de confianza, refuerza la percepción de credibilidad y multiplica su alcance en muy poco tiempo.
Incluso, tal y como recoge El País, un estudio de la Universidad Politécnica de Valencia y de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) señala que hasta un 28 % de los bulos pueden originarse o difundirse desde entornos periodísticos profesionales. En situaciones críticas, la presión por informar con rapidez y la falta de contrastes suficientes pueden favorecer la publicación o amplificación de informaciones imprecisas o directamente falsas.
Las consecuencias van más allá de la simple confusión: la desinformación incrementa el miedo, debilita la confianza en las instituciones y puede provocar comportamientos irracionales por parte de la ciudadanía, dificultando la gestión de la emergencia y el trabajo de los equipos sobre el terreno.
Cómo evitar amplificar los bulos
Para frenar la "epidemia" de desinformación en emergencias, la alfabetización mediática y la verificación de fuentes son fundamentales. Entre las recomendaciones se encuentran:
- No compartas información sin confirmar. Si dudas de la veracidad de un contenido, especialmente en redes sociales, no lo difundas.
- Atención a contenidos generados con inteligencia artificial. Comprueba marcas de agua o anomalías en imágenes que acompañen mensajes sobre tragedias.
- Consulta fuentes oficiales y utiliza herramientas profesionales de verificación como VerificaRTVE, Maldito Bulo o Newtral, entre otras.
- Desconfía de mensajes que apelen a las emociones. Los bulos suelen buscar indignación o miedo inmediato. Si no proviene de una fuente oficial, no lo compartas.
- Cuidado con posibles estafas. Verifica siempre las campañas de ayuda, especialmente si se reclama urgencia para donar dinero o recursos.
La urgencia por tener una respuesta rápida no debe hacernos caer en la trampa de los bulos. Antes de compartir cualquier noticia, verifica su origen y confía en fuentes oficiales. Así, protegemos no solo nuestra información, sino también a quienes precisan de ayuda rápida y segura.
a más gente, compártelo.
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