Más allá del marcador: cuando el deporte es integración - Ahora
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Más allá del marcador: cuando el deporte es integración
MÁS ALLÁ DEL MARCADOR: CUANDO EL DEPORTE ES INTEGRACIÓN
Humanidad
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Cruz Roja
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El deporte posee una gramática propia que no entiende de fronteras, extractos bancarios ni barreras idiomáticas. En el terreno de juego, las jerarquías desaparecen y los valores fundamentales de la humanidad (el respeto, la solidaridad, la disciplina y la superación) toman el mando. Sin embargo, para muchas familias, el acceso a actividades deportivas extraescolares es un lujo inalcanzable, dejando a niños, niñas y adolescentes fuera de un espacio vital para su desarrollo.
Todos los niños, niñas y adolescentes deberían tener acceso al deporte. Por eso Cruz Roja, a través de diversos proyectos, actúa como puente, facilitando que menores con menos posibilidades encuentren en los clubes deportivos un lugar de pertenencia. No se trata sólo de marcar goles; se trata de que cada niño, niña o adolescente no se sienta diferente al resto y pueda disfrutar de los beneficios de estas actividades.
Como señala Maleny Palomo, directora técnica de Cruz Roja en Talavera de la Reina (Toledo), donde han puesto en marcha una bonita iniciativa al respecto, la práctica deportiva genera espacios de convivencia para personas de cualquier origen, fomentando el respeto, la diversidad y la autoestima. “Sentirse parte de un grupo de forma normalizada va a contribuir a reducir esa exclusión”, explica.
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Zaragoza: el fútbol como primer idioma
En Zaragoza, la colaboración entre Cruz Roja Juventud y la Fundación Miguel Carreras ha dado vida a un equipo de fútbol que es mucho más de lo que parece. Los jugadores forman parte del Programa de Éxito con Jóvenes (PEJ), donde estudian y refuerzan el castellano. Alberto Ferrer, técnico de la Organización y entrenador, recuerda que el proyecto nació de una necesidad directa: “Los chicos nos verbalizaban que les gustaría jugar en un equipo, pero no sabíamos cómo ayudarles, si existían recursos gratuitos para ello… Entonces llegó la Fundación Miguel Carreras y todo encajó”.

El impacto en la comunicación ha sido radical. “Un senegalés con un marroquí, si no hablan español, no se pueden comunicar, y el fútbol les incita mucho a aprender el idioma para desarrollarse dentro y fuera del campo”, afirma Ferrer.
Uno de estos jóvenes es Rachid Alilouch, de 18 años. Natural de Marruecos, llegó a España y recaló inmediatamente en Cruz Roja para aprender el idioma. En la actualidad, estudia mecánica por las mañanas y entrena, junto al equipo, dos tardes a la semana. Es el máximo goleador del equipo; “uno de los líderes”, en palabras de Alberto Ferrer. “El deporte ayuda a conocer a gente, otras culturas…”, expone Rachid a su vez.

Además de su éxito deportivo (“ser delantero es bastante importante”, sonríe), actúa como traductor e intérprete para sus compañeros con menor nivel de español, demostrando que las ganas de ayudar en el campo también se trasladan a la vida real.
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Talavera de la Reina: muchas oportunidades al alcance
En Talavera de la Reina (Toledo), el enfoque es la exploración. A través de una red que implica a varios clubes locales (de fútbol, patinaje, atletismo, BMX, natación…), niños y niñas de entre 5 y 12 años rotan por diferentes disciplinas cada mes y medio. El proyecto de Promoción de Éxito Escolar de Cruz Roja ya cubría la parte educativa y de ocio, pero hacía falta darles esta oportunidad a los pequeños y pequeñas que no tienen la opción de acceder de otra manera a este tipo de actividades.
“Queríamos que los niños y niñas tuvieran la oportunidad de conocer varios deportes. Al final, decidirán si quieren quedarse en alguno de los clubes”, detalla Maleny Palomo, directora técnica de Cruz Roja en Talavera. “En ese momento, pertenecerán al club, que asumiría los gastos derivados de su incorporación”, puntualiza, “por lo que la respuesta está siendo muy positiva por parte de estos”. La Organización facilita, además, los materiales necesarios a través de financiadores externos (como las zapatillas o las equipaciones). Los niños y niñas entrenan con el resto de integrantes como si fueran uno más en el equipo, lo que potencia su inclusión a todos los niveles.

Esta iniciativa también está transformando a las familias y a los propios clubes. Maleny Palomo cuenta que en el de BMX, por ejemplo, se han creado redes de apoyo entre padres y madres que, de otro modo, nunca habrían coincidido porque parten de distintos contextos sociales o económicos. Otros clubes deportivos ya se han interesado y quieren participar en el proyecto.
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El equipo como familia y refugio
Más allá de la técnica o los resultados, lo que perdura son los vínculos. Alberto Ferrer confiesa que los sábados de partido con los chicos son su momento favorito. “Me lo paso muy bien, es mi momento favorito de voluntariado: mi casa”. Esa sensación de hogar es la que permite que jóvenes como Rachid pasen de la invisibilidad a ser figuras clave en su entorno. “Me gusta todo. Seguiré con el deporte”, afirma con rotundidad.
El deporte se convierte, así, en refugio. Cuando un niño, niña o adolescente se calza las zapatillas deja atrás las etiquetas para convertirse, simplemente, en uno más del equipo. La integración real ocurre en ese instante invisible en el que ya no importa el origen, las circunstancias o las condiciones de cada uno, sino el objetivo común.
Al final del día, el marcador es lo de menos.
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