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Cuando la solidaridad es el mejor legado familiar

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CUANDO LA SOLIDARIDAD ES EL MEJOR LEGADO FAMILIAR

Cuando la solidaridad es el mejor legado familiar
Para Ana, Juan Pedro o Gala, la solidaridad es una forma de entender la vida. En sus hogares, el compromiso con los demás ha dejado de ser una elección individual para convertirse en un rasgo distintivo de la familia. No siempre es fácil encajar las emergencias, las llamadas de captación de fondos o la colaboración en actos de Cruz Roja con los horarios de trabajo y la vida doméstica, pero en estas casas el altruismo siempre gana la partida. El mejor patrimonio que se puede dejar a la siguiente generación no es algo material.

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parte 1 legado solidario

Para Ana, Juan Pedro o Gala, la solidaridad es una forma de entender la vida. En sus hogares, el compromiso con los demás ha dejado de ser una elección individual para convertirse en un rasgo distintivo de la familia. No siempre es fácil encajar las emergencias, las llamadas de captación de fondos o la colaboración en actos de Cruz Roja con los horarios de trabajo y la vida doméstica, pero en estas casas el altruismo siempre gana la partida. El mejor patrimonio que se puede dejar a la siguiente generación no es algo material. 

parte 2 legado solidario

“He llamado para captar fondos antes de entrar a trabajar”

A Ana Martínez, natural de Uruguay, siempre le ha gustado la labor de Cruz Roja. “Lo hemos tenido marcado a fuego”, explica esta voluntaria de la Organización que vive en Toledo. Por eso, cuando llegó a España, hace ya unos cuantos años, y se le presentó la oportunidad de convertirse en voluntaria, no dudó. Su marido ya participaba en Cruz Roja y, cuando la solidaridad empezó a entrar en casa por la puerta grande, sus hijos también quisieron aportar su granito de arena. Izan, de 11, se unió hace un par de años. “Se ha criado a nuestro lado, mientras nosotros repartíamos alimentos”, explica Ana. Matías, otro de sus hijos, es segundo referente de Cruz Roja Juventud. 

Ana y su marido intervienen en todas las áreas que hay a su alcance: socorros, ERIE de psicosocial, captación de fondos, productos de apoyo… “todo lo que se puede hacer”, resuelve ella. Esas ganas de sumar siempre son contagiosas. Ana se crió con su abuela, y recuerda el sentimiento de “ayudar a los demás sin tener que esperar nada a cambio”. Es lo que ha intentado transmitir a sus hijos. “Aparte de eso, es que nos ven haciéndolo. Eso es superimportante”.  

Alguna vez han escuchado algún comentario de que no tienen tiempo, de que siempre están involucrados en causas solidarias, pero Ana tiene una respuesta capaz de convencer a la persona más escéptica: “Piensa que, si te pillara una inundación y el agua comenzara a llegar cada vez más alto, te gustaría que una persona pudiera ir a ayudarte”. “A dónde vamos nos necesitan muchísimo”, recalca, y es algo que sus hijos comparten. “Nos dicen que también quieren venir”, expone Ana.  

Aunque Ana y su marido trabajan en una empresa que presta servicios de limpieza, siempre encuentran una manera de compaginarlo con el voluntariado. “He estado trabajando de lunes a viernes y haciendo llamadas de Cruz Roja para captar fondos antes de entrar”, recalca Ana, que también confiesa que a veces “no puede con su alma”. “Pero entonces suena el teléfono y hay que salir, y estamos ahí los primeros”, indica. 

No todo es hacer: también es difundir la labor de la Organización. “La energía de hablar en positivo, de contar nuestras experiencias” atrae a nuevas personas a Cruz Roja. “Cuando alguien me dice que está muy mayor para ayudar, le digo que no es necesario que esté encima de una ambulancia o salga corriendo; se pueden montar camas, estar pendiente de las personas, atenderlas… cuando explicas lo que realmente se hace la gente se suele interesar más”, sostiene.  

parte 3 legado solidario

“Tenemos una vinculación muy fuerte con el voluntariado”

Juan Pedro Muñoz lleva 23 años como voluntario de Cruz Roja. Todo empezó un día de principios de marzo de 2003, cuando vio pasar una ambulancia de la Organización y decidió ponerse en contacto. Hoy es presidente local de Cruz Roja en Fuensalida (Toledo) y director de la unidad de respuesta a emergencias de la provincia. “Ha sido un camino largo, pero valioso”, estima. 

Después de sufrir un accidente en 2001 en Madrid, Juan Pedro se retiró de la capital por motivos económicos. Su nuevo comienzo estuvo estrechamente vinculado con Cruz Roja, donde lleva colaborando más de dos décadas con algún parón puntual. “Aquí fue donde conocí a mi mujer, de hecho”, puntualiza Juan Pedro. La solidaridad siempre ha estado en el seno de la familia. El hijo que tienen en común, de 17 años, ha participado también en Cruz Roja Juventud, aunque ahora está más centrado en sus estudios. La hija de su mujer ha sido, hasta hace poco, referente de Cruz Roja Juventud electa, y sigue ayudando en socorros y preventivos terrestres. 

“Cuando los niños eran más pequeños había que priorizar quién salía y quién no a una emergencia. Pero ahora lo llevamos bastante bien”, explica Juan Pedro, que compagina el voluntariado con su trabajo en una UVI móvil del servicio sanitario de Castilla La-Mancha. Una de las claves de ello es no hablar en exceso de Cruz Roja en casa para atender otros asuntos. No funciona. “Es inevitable, nos saltamos nuestras propias reglas, porque aunque intentamos tener la vida laboral y familiar separada, la vinculación tan fuerte que tenemos con el voluntariado siempre está ahí. Procuramos buscar un equilibrio”, confiesa él. 

Que los valores de Cruz Roja hayan sido recurrentes en el hogar también tiene efectos positivos. “Combatimos toda esa toxicidad que hay ahora en redes sociales hablando mucho”, explica Juan Pedro. No han querido nunca influenciar el rumbo de sus hijos, pero ellos siempre han mostrado interés en ayudar. “Mi hijo, incluso, es socio. Se lo quita de sus caprichos, sale de él”, explica. “La entidad representa nuestra forma de vida”, concluye.  

parte 4 legado solidario

“La madre de mi abuelo nos ha inspirado con su compromiso”

La prueba irrefutable de que los valores se heredan es Gala Navarro. Bisnieta de Milagros Gómez Soler, la fundadora de la Junta de Damas Auxiliares de Cruz Roja en Elche, Gala no sólo comparte con su pariente su profesión (periodista) sino su compromiso con las causas sociales. “Era una mujer que para ser de principios del siglo XX tenía mucha conciencia en este sentido”, explica ahora Gala. 

Nadie de la familia sabía de los intereses de Milagros hasta que se pusieron en contacto con ellos desde Cruz Roja. Se habían quedado prendados por su figura y querían saber qué había sido de ella. “Empezamos a buscar. Sabíamos que Milagros, la madre de mi abuelo, era una mujer muy interesante y culta, pero no que había escrito tantísimo ni había realizado tanta labor social. Lo hemos ido descubriendo”, revela.  

Quizá por eso ahora Gala se siente tan feliz cuando puede poner su granito de arena y participar en actos de Cruz Roja, por ejemplo, como presentadora. “Milagros ya hablaba de gente necesitada, de la importancia de la caridad, de aliviar el sufrimiento… eso inspira, y el legado que nos ha dejado es un camino que en casa hemos seguido. Aunque ella vivía en una época y nosotras en una, al final nos conecta esa humanidad”, puntualiza la periodista.  

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