Apostar por la salud emocional y la prevención del suicidio desde las aulas - Ahora
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Apostar por la salud emocional y la prevención del suicidio desde las aulas
APOSTAR POR LA SALUD EMOCIONAL Y LA PREVENCIÓN DEL SUICIDIO DESDE LAS AULAS
Humanidad
Cruz Roja
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La prevención del suicidio entre adolescentes empieza mucho antes de que aparezca una situación de emergencia. Con esta premisa, el IES La Encantá de Rojales ha puesto en marcha, junto a Cruz Roja, un programa destinado a reforzar la salud emocional de su alumnado en el que se les proporciona herramientas para afrontar situaciones de malestar psicológico.
La iniciativa se dirige principalmente al alumnado de 1º de ESO –11 y 12 años– y plantea un trabajo continuado a lo largo del curso, con sesiones periódicas dentro de las aulas. “Nos dirigimos a estas edades porque, en primer lugar, es un cambio muy grande el que viven al pasar del colegio al instituto y, por otra parte, es una etapa en la que la neuroplasticidad a nivel cerebral los hace especialmente receptivos, también a nivel emocional. Es una época en la que están labrando su personalidad”, explica Conchi Navarro, psicóloga de emergencia de Cruz Roja, y una de las responsables del programa. El objetivo no es limitarse a hablar del suicidio, sino trabajar aquellos factores que pueden ayudar a las personas jóvenes a afrontar mejor las dificultades y pedir ayuda cuando la necesiten.
Uno de los principales objetivos del proyecto es que los y las estudiantes aprendan a identificar sus propias emociones y sepan expresar lo que les ocurre. Pero también que puedan reconocer señales de sufrimiento en personas de su entorno y sepan cómo actuar.

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Un programa que implica a familias, docentes y comunidad
El programa, que se implantó en Rojales el pasado curso por primera vez y que este año también se lleva a cabo en otro instituto de Guardamar de Segura, se estructura en cuatro grandes ejes de actuación: alumnado, profesorado, familias y comunidad, con el objetivo de que la prevención no quede limitada al aula y se convierta en una responsabilidad compartida.
Con el alumnado, el programa contempla entre ocho y diez sesiones grupales a lo largo del curso, basadas en dinámicas participativas, juegos de rol, debates y técnicas de relajación y mindfulness con los que se pretende reforzar el autoconocimiento, la autoestima, las relaciones interpersonales y la capacidad para afrontar situaciones de malestar.
El segundo eje está dirigido al profesorado, que recibe formación para mejorar la detección temprana de posibles problemas emocionales, adquirir herramientas de gestión emocional y conocer técnicas básicas de primeros auxilios psicológicos. El programa contempla además la creación de protocolos de actuación ante posibles crisis y, durante la fase piloto, el acompañamiento en las tutorías mediante el apoyo de profesionales de la psicología.
Las familias constituyen el tercer ámbito de intervención. Cruz Roja plantea reuniones informativas y talleres prácticos centrados en la parentalidad positiva y en la comunicación emocional, además de cuestionarios para conocer su percepción y espacios en los que puedan participar y plantear sus dudas o necesidades.
Por último, el programa incorpora un cuarto eje destinado a crear una red de apoyo en el entorno del centro educativo. Para ello se plantea la coordinación con los servicios de salud mental, los servicios sociales y las asociaciones vinculadas al ámbito social y sanitario. También se prevé dar a conocer el proyecto a través de actividades comunitarias.
“Queremos que la comunidad educativa y las familias hablen el mismo idioma. Que todo lo relacionado con el bienestar emocional no suene raro o desconocido para nadie. A la hora de evaluar el programa, esta manera de intervención con los diferentes colectivos obtiene unos resultados mucho mejores”, señala la psicóloga.
El objetivo es que la prevención no quede limitada al aula y se convierta en una responsabilidad compartida.
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Validar las emociones, desterrar mitos y aprender a pedir ayuda
Una de los aspectos en los que se trabajará a lo largo del curso con los y las estudiantes se centra en, además de identificar sus propias emociones, en reconocer las de los demás. “Parece muy sencillo, pero lo que vemos en las sesiones cuando alguna persona está pasando por una situación difícil, es que lo primero que solemos decir es “tranquilo, no pasa nada, ya pasará”, lo hacemos sin darnos cuenta, pero en esos casos es importante validar las emociones de la otra persona”, apunta Conchi Navarro.

La psicóloga, especialista en emergencias y con una amplia experiencia en prevención del suicidio, evidencia que hablar de lo que ya se ha convertido en un problema de salud pública –el suicidio continúa siendo la segunda causa externa de muerte en España, con una tasa de 8,1 fallecimientos por cada 100.000 habitantes según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2024– lo previene. Navarro también habla de desterrar algunos mitos instalados en la sociedad, “como el que quien lo dice no lo hace. Está demostrado que 9 de cada 10 personas que se quitan la vida o lo intentan había pedido ayuda de algún tipo, aunque no fuese especializada. Hablar del suicidio hace que se prevenga, siempre proporcionando los recursos que existen como el teléfono 024 (un servicio del Ministerio de Sanidad), el teléfono de la esperanza o el servicio Cruz Roja Te escucha, que proporciona apoyo y acompañamiento psicosocial a personas con malestar emocional. (900 107 917)”.
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Un trabajo que se prolongará durante el curso
El programa contempla sesiones mensuales con los grupos de 1º de ESO y cuenta con la participación de profesionales de diferentes ámbitos de Cruz Roja. El equipo incorpora perfiles vinculados a la psicología de emergencias, la integración social y el trabajo social, además de actividades orientadas al bienestar físico y emocional.
La iniciativa llegará aproximadamente a 130-150 estudiantes y nace con vocación de continuidad. Cruz Roja plantea extender este tipo de actuaciones a otros centros y municipios si la experiencia permite consolidar el modelo.
El instituto se convierte así en un espacio clave para una prevención que pretende adelantarse al problema: enseñar a las personas jóvenes a reconocer lo que sienten, fortalecer sus recursos emocionales y, sobre todo, conseguir que sepan que pedir ayuda es una opción cuando no pueden afrontar una situación difícil. Más que una intervención puntual, el proyecto apuesta por incorporar la educación emocional a la vida cotidiana del centro educativo y por implicar también a toda la comunidad a que acompañan a los y las adolescentes fuera del aula.
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