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El compromiso de Alice para ayudar a cerrar la brecha digital
INCLUSION SOCIAL
El compromiso de Alice para ayudar a cerrar la brecha digital
31/03/2026
ESCRITO POR:
ENTREVISTA POR:
Cruz Roja
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Cruz Roja
  • En un mundo cada vez más digitalizado, donde realizar un trámite administrativo, acceder a formación o buscar empleo pasa casi siempre por una pantalla, hay personas que se quedan atrás. Romper esa brecha es un paso clave para la inclusión. Alice, voluntaria de Cruz Roja en Huelva, lleva dos años tratando de acercar el mundo digital a quienes lo tienen más difícil. 

Enviar un correo electrónico, pedir una cita médica online o hacer una transferencia a través de la aplicación del banco son acciones integradas en el día de día de gran parte de la población.  Sin embargo, no todo el mundo tiene los conocimientos ni las capacidades que requieren estas tareas. Saber llevarlas a cabo puede suponer una mejora en la calidad de vida de aquellas personas que encuentran un muro en las pantallas. Alice Díez Fernández, voluntaria de Cruz Roja en Huelva, trata de cerrar esa brecha digital desde que se incorporó a Cruz Roja en 2024. 

Esta mujer de 75 años ha realizado desde que se acercó a Cruz Roja casi un centenar de intervenciones, entre talleres y acompañamientos digitales, dedicando cerca de 140 horas de voluntariado y ayudando a más de 300 personas. Pero más allá de las cifras, su historia habla de aprendizaje, compromiso y confianza. ​​ 

De la duda al compromiso 

“Pensé que era incapaz”, reconoce Alice al recordar cómo empezó su camino en Cruz Roja. “Veía que lo que hacía la Organización eran cosas muy heroicas, y no me sentía competente”. Sin embargo, una conversación con una trabajadora de Cruz Roja cambió su perspectiva. Descubrió el programa ClickA, de competencias digitales y enseguida supo que ahí sí podía aportar. 

Profesora de matemáticas durante años y con experiencia impartiendo clases de informática, Alice decidió dar el paso: “He dado clases, he trabajado con ordenadores… pensé: en esto puedo ayudar. Me apunté y estoy encantada”. 

Su trayectoria como docente ha sido clave para conectar con las personas usuarias. Alice no solo transmite conocimientos, sino que adapta los contenidos a cada realidad: desde personas mayores hasta jóvenes en búsqueda de empleo, pasando por personas migrantes o con discapacidad. 

“Yo quería que mis alumnos no odiaran las matemáticas”, recuerda. Esa misma filosofía la aplica ahora: hacer accesible lo complejo y generar confianza en quienes sienten miedo ante la tecnología. “No siempre se consigue”, admite. “Pero si las personas siguen viniendo, poco a poco algo cambia. Con paciencia, todo llega”. Su propia edad se convierte en una herramienta motivadora: “Si yo, con 75 años, puedo hacerlo, eso supone un ejemplo para ellas”. 

Objetivo: mejorar la calidad de vida 

La actividad de Alice se centra en el desarrollo de habilidades digitales básicas y avanzadas. Entre las temáticas que ha impartido se encuentran el uso de telefonía móvil, la banca digital, las gestiones online con la Administración Pública o la obtención y uso del certificado digital. También ha trabajado herramientas clave para la empleabilidad, como la elaboración de currículums con Canva, el manejo de plataformas de formación online o programas como Word y Excel. Además, ha desarrollado sesiones innovadoras de estimulación cognitiva mediante el uso de tabletas y gafas de realidad virtual, especialmente dirigidas a personas mayores y personas con discapacidad. 

Para Alice, el llamado “empoderamiento digital” no es un concepto abstracto, sino algo muy concreto: mejora la vida diaria. “En muchos casos es calidad de vida”, explica. “Aprender a usar la banca digital, pedir una cita médica desde el móvil… evita desplazamientos y facilita el día a día”. 

Esa mejora se hace especialmente visible en los casos que ha acompañado. Como el de una mujer víctima de violencia de género que logró completar un curso online gracias a su apoyo, o el de otra usuaria migrante que, pese a las barreras idiomáticas, consiguió finalizar su formación. 

Aprender para enseñar 

Alice tiene claro que su labor no sería posible sin una actitud constante de aprendizaje. “Siempre hay que seguir aprendiendo”, afirma. Autodidacta y con numerosos cursos a sus espaldas, continúa formándose para poder enseñar mejor. Esa motivación es, precisamente, uno de los rasgos que definen su voluntariado: aprender para compartir, crecer para ayudar a otros a crecer. 

Aunque los avances tecnológicos son imparables, Alice advierte que no todo el mundo avanza al mismo ritmo: “Depende de la persona, pero sí, la brecha digital sigue siendo un problema. Cada uno tiene que ir a su ritmo, y hay que acompañar”. Ese acompañamiento es, precisamente, la esencia de su labor en Cruz Roja: estar al lado de quien más lo necesita en un entorno que al ser desconocido puede resultar abrumador.  

Alice no pierde la curiosidad ni las ganas de seguir aportando. Incluso se plantea nuevos retos, como la posibilidad de llevar la formación digital a contextos diferentes, como es el de la prisión. Mientras tanto, continúa con la misma energía con la que empezó: “Sigo con ganas. He encontrado un grupo con el que da gusto trabajar”, señala mientas reconoce que para ella el contacto humano es una parte esencial de su labor como voluntaria.  

A través de su dedicación, Alice contribuye a que cada vez más personas puedan desenvolverse en un entorno digital, acceder a recursos esenciales y mejorar su calidad de vida. Un trabajo silencioso pero transformador, que demuestra que la tecnología, cuando se acompaña, puede convertirse en una poderosa herramienta de inclusión. 

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