Aprender sobre discapacidad visual a través del juego - Ahora
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- Conocer otras realidades desde edades tempranas puede ayudar a romper prejuicios instaurados y a entender la diversidad desde el respeto y la inclusión. Bajo esta idea, Cruz Roja Juventud en Talavera de la Reina (Toledo) organizó este verano una actividad de sensibilización sobre discapacidad visual en colaboración con el Grupo Social ONCE.
La actividad, dirigida a los niños, niñas y adolescentes participantes del proyecto de Promoción del Éxito Escolar, estuvo dinamizada por Karla Rugel, mujer ciega desde los once años a raíz de un accidente, y su perro guía Hero. A través de diferentes juegos y dinámicas, la juventud pudo conocer de cerca la realidad de las personas con discapacidad visual y algunas de las herramientas que utilizan en su día a día. “Muchas veces pensamos que una persona con discapacidad visual no puede hacer determinadas cosas y, sin embargo, con los apoyos y las herramientas necesarias puede desarrollar su vida con autonomía”, explica Vladimir Méndez Rivera, coordinador provincial de Cruz Roja Juventud en Toledo y coordinador de la actividad.
La sesión comenzó con la lectura de un cuento. Una persona lo leyó mirando el papel y Karla, como persona ciega, utilizó el sistema braille, método de lectura y escritura táctil diseñado para personas ciegas o con discapacidad visual grave. Al terminar, llegó la pregunta para los niños y niñas: ¿habían leído lo mismo? La respuesta fue un rotundo sí. Ambas habían leído el mismo cuento, pero cada una había utilizado una vía diferente para hacerlo. “Yo utilicé el tacto y mi compañera la vista, pero al final estábamos leyendo el mismo cuento, estábamos haciendo la misma acción. Esa es la idea que buscamos transmitir”, describe Karla Rugel.


Después, llegó el momento de experimentar. De aprender jugando. Con los ojos tapados, los niños y niñas tuvieron que reconocer diferentes animales a través de libros con dibujos en relieve, utilizando únicamente el tacto. El objetivo de este taller era que descubrieran que la falta de visión no impide seguir jugando, aprendiendo y disfrutando. “Se dieron cuenta de que aún estando privados de un sentido seguían siendo los mismos chicos y chicas juguetones y contaban con las mismas capacidades que antes de ponerse el antifaz. Me gusta recordar siempre que existen otros cuatro sentidos y que si trabajamos en ellos podemos llegar a obtener casi toda la información”, señala Karla.
Para Karla, esa es precisamente la clave de este tipo de actividades: aprender a través de la experiencia. “Los niños se quedan más con las acciones que con las palabras y para mí es una manera muy bonita de sensibilizar a las nuevas generaciones”, apunta.
Durante la actividad, también se quiso poner el foco en la importancia de la accesibilidad y en la diversidad dentro de la propia discapacidad visual. Descubrir que no todas las personas con discapacidad visual tienen las mismas necesidades ni presentan el mismo grado de pérdida de visión fue un asunto clave a tratar. “Solemos pensar que todas las personas con discapacidad visual son invidentes totales y eso no es así”, señala Vladimir Méndez Rivera.
Hero, el perro guía
Por otro lado, la presencia de Hero, el perro guía de Karla, fue uno de los momentos que más interés despertó entre los niños, niñas y adolescentes. Durante la actividad, Karla explicó cómo Hero le ayuda a desplazarse, a evitar obstáculos y a localizar determinados elementos del entorno. Además, Karla aprovechó para recordar una norma fundamental: “no se debe distraer a un perro guía cuando está trabajando”.
Llamarlo, tocarlo o intentar captar su atención puede hacer que deje de concentrarse en las indicaciones que está siguiendo y provocar una situación de riesgo para la persona a la que acompaña.
En definitiva, más allá de conocer el braille o aprender cómo comportarse frente a un perro guía, la actividad y el testimonio de Karla sirvieron para acercar a los niños, niñas y adolescentes a una realidad que muchas veces desconocemos y que sigue rodeada de prejuicios. Este encuentro se convirtió en toda una oportunidad para entender que la discapacidad no determina las capacidades de una persona y que, con los apoyos y herramientas necesarios, es posible desarrollar una vida completamente autónoma. “Sensibilizar desde edades tempranas me parece que es muy necesario. Porque si desde la infancia empiezas a ver la discapacidad como una cualidad más, y ves que las personas con discapacidad son personas que ríen, hablan, viajan, leen un cuento, caminan por la calle, etc, pues más fácil será que cuando sean personas adultas no tengan esos prejuicios instalados que tanto daño nos hacen como sociedad”.
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