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Lo que cambia cuando alguien te mira
LO QUE CAMBIA CUANDO ALGUIEN TE MIRA
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Dormir en la calle es pasar la noche buscando un sitio donde nadie te moleste, aguantar el frío y la lluvia y temer que te roben lo poco que tienes. Y, con el paso de los días, ir sintiendo algo incluso más duro: que nadie te ve.
Son historias distintas con un mismo punto de partida: una experiencia vital que lo tambalea todo. “No sabes cómo te viene la vida”, concuerda José María, que a sus 63 años lleva mucho tiempo en situación de calle. Como él, Abdelkader (32 años), Gilberto (50), Paco (55) o Juanjo saben que cualquiera puede acabar viviendo en estas circunstancias: la pérdida de empleo, la falta de apoyo, los problemas de salud, una ruptura o el alto coste del alquiler pueden dejar a una persona sin alternativas.
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El sinhogarismo en cifras
La calle desgasta más de lo que parece. Quienes viven en ella sufren un deterioro prematuro de al menos diez años, con problemas de movilidad y de salud física y cognitiva. A eso se suma la soledad: la ausencia de compañía y de gestos de afecto intensifica la sensación de invisibilidad y dificulta la esperanza de salir.
En 2025, Cruz Roja atendió a 25.572 personas sin hogar. Hasta el 15 de septiembre de 2026, la cifra es de más de 17.000. Aproximadamente el 83% son hombres y el 17% mujeres, una proporción similar a la de 2025. Para responder a esta problemática social, la Organización cuenta en la actualidad con 90 Unidades Móviles de Emergencia Social en 35 provincias, 778 plazas de alojamiento temporal en 16 provincias y 16 centros de día con comedor, duchas o lavandería. Más de 2.900 personas voluntarias aportan su granito de arena para hacer posible esta labor.
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“Si buscas gente buena, al final la encuentras”
A Gilberto la vida le cambió de golpe. Tras una separación y una depresión, vendió su casa y pasó cinco años viajando en una furgoneta. Al llegar a Granada, sin embargo, tuvo que empezar de cero. Pasó un tiempo en la calle hasta que acudió a Cruz Roja, que le informó de los siguientes pasos para salir de esta situación. Hizo cursos, se formó en atención sociosanitaria y hoy trabaja y vive en un piso de alquiler. Encontrar casa fue casi lo más difícil: contactó con unas cien personas y apenas obtuvo respuesta. Por eso su consejo para quien está donde él estuvo es no perder la fe en los demás: “Si buscas gente buena, al final la encuentras”. 
Paco, por otro lado, pasó años durmiendo en la calle, con hambre y frío. Tras su paso por Andana, el albergue que Cruz Roja gestiona con el Ayuntamiento de Terrassa (Barcelona), asegura que ha recuperado las ganas de vivir. Hace un tiempo participó en una acción de Cruz Roja que consistía en llamar por teléfono a socios y socias para darles las gracias: “Recibí mucha ayuda y la aproveché”, señala. La idea, nacida en la asamblea de Terrassa, fue reconocida con un galardón a mejor iniciativa de fidelización.
Juanjo vivió en situación de sinhogarismo y exclusión social entre 2012 y 2022. Con el apoyo de la Unidad Móvil de Emergencia Social de Cruz Roja, emprendió un proceso centrado en mejorar su salud, buscar un empleo y en última instancia encontrar una vivienda. “Me han ayudado a salir de la calle. Convencerme para ir al hospital, venir a ver cómo estaba…”, cuenta. Tras dos años en el programa Housing First, en 2024 ya tenía trabajo y vivía en su propia casa.
Abdelkader, de 32 años, empezó a vivir en la calle en enero de 2025, en pleno invierno. Dormía en una tienda de campaña y, cuando llovía mucho, se despertaba con la almohada y el colchón empapados. Un día le robaron todo. Después llegaron las mantas y los sacos de Cruz Roja en Álava. Pasó seis meses en la calle en los que se centró en aprender español. Más tarde, hizo un curso de cocina. De aquella etapa se queda con una lección: “Luchar y aceptar la realidad”. 
José María, por su lado, trabajó como feriante hasta que la pandemia frenó su actividad. El frío era su peor enemigo y su mascota, su norte. Agradece tener personas cerca, “algo que no siempre ocurre”: “Cuando estoy triste, son ellas las que me levantan y me ofrecen un café”, concluye.
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Llegar a la calle, salir de la calle
A Ferran Busquets, exdirector de la Fundación Arrels, esta realidad no le resulta ajena. Recuerda que, de niño, saludaba a las personas sin hogar hasta que un adulto le decía lo contrario: “No te acerques tanto”. En Arrels, muchos años después, descubrió que la manera de actuar era justamente la contraria: “Lo importante no es ofrecer una ducha o una comida, sino simplemente estar”.
Para Busquets, en la gran mayoría de los casos la pobreza está relacionada con el sinhogarismo, aunque también influye la suerte. “Ser pobre o no depende, en parte, de los números que tienes guardados en tu WhatsApp”. Quien pierde el empleo y tiene a alguien a quien recurrir puede salvarse; quien no, se queda sin opciones.
“Lo importante no es ofrecer una ducha o una comida, sino simplemente estar”
También desmonta uno de los mitos más extendidos: nadie quiere vivir en esta situación. La salida, señala, pasa por la vivienda. Mientras acceder a ella siga siendo tan difícil, advierte, “será muy difícil que el número de personas que duermen en la calle disminuya”. Por eso reclama pactos a largo plazo entre administraciones, entidades y ciudadanía: “Si estás en un barco y quieres llegar a puerto, o te coordinas con el resto para remar en la misma dirección, o acabarás dando vueltas sin avanzar”.
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Al lado de las personas
Estar, acompañar, escuchar: eso que Busquets considera tan esencial lo practica cada año Nuria, voluntaria en el CIBE de Alicante, cuando prepara su tradicional cocido para las personas usuarias que quieren degustarlo. “Es mi granito de arena”, dice. Lo que más valora es que lo recuerdan año tras año, algo que siempre le enternece: “Se sienten queridos, y eso es lo más importante”, concluye.
La primera noche en la calle no se olvida. Tampoco un café a tiempo, una manta cuando hace frío o un plato caliente cocinado con cariño. Las cifras dicen cuántas personas necesitan ayuda; las historias, qué es lo que de verdad les ayuda: que alguien las mire.
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