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Cuando el calor es un problema de urbanismo

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CUANDO EL CALOR ES UN PROBLEMA DE URBANISMO

Cuando el calor es un problema de urbanismo
Las olas de calor son cada vez más intensas, frecuentes y prolongadas. Frente a este escenario, algunas ciudades ya están transformando sus calles, plazas y edificios para reducir la temperatura y proteger a quienes más sufren sus efectos. De bosques urbanos a refugios climáticos pasando por ríos recuperados, estas iniciativas demuestran que adaptar las ciudades también es una forma de cuidar la salud y el futuro.

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El calor extremo ya no es una excepción. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), las olas de calor se han convertido en uno de los fenómenos meteorológicos más peligrosos. Las previsiones no son precisamente alentadoras, ya que su frecuencia e intensidad seguirán aumentando como consecuencia del cambio climático. La población urbana es especialmente vulnerable ante este escenario: el asfalto, el hormigón y la escasez de zonas verdes hacen que las ciudades acumulen más calor que su entorno. Dichos materiales siguen irradiando altas temperaturas horas después de que desaparezca la luz solar, un fenómeno conocido como “isla de calor”.  

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que adaptar las ciudades es una de las medidas más eficaces para reducir los riesgos asociados al aumento de las temperaturas. Y es que no se trata solo de responder a las emergencias cuando llega una ola de calor, sino de rediseñar el espacio urbano para hacerlo más habitable, saludable y resiliente durante todo el año, algo que conoce de primera mano Cruz Roja, especialmente en su trabajo con las personas afectadas por la pobreza energética, y que aborda a través de distintos proyectos de preparación comunitaria, refugios climáticos y apoyo a hogares vulnerables.  

Cada vez más ciudades están demostrando que existen alternativas. Sustituir el cemento por árboles, recuperar ríos, crear refugios climáticos, aprovechar el agua de la lluvia o pintar los tejados de blanco son algunas de las soluciones que ya están mejorando la calidad de vida de millones de personas. No existe una única receta, pero todas comparten la misma idea: cuando el calor se transforma, las ciudades también deben hacerlo. 

parte1

París (Francia): donde antes había cemento, ahora crece un bosque 

La plaza del Ayuntamiento de París (Hôtel de Ville), durante décadas dominada por el pavimento, se ha convertido en uno de los ejemplos más visibles de renaturalización urbana en Europa. En junio de 2025 se inauguró un bosque urbano que ocupa parte de la plaza, con 150 árboles (50 de ellos plantados directamente en el suelo), y más de 20.000 plantas y grandes arbustos. 

Las distintas especies (entre ellas robles, hayas blancas, almeces, acacias de tres espinas y arces) buscan crear sombra y reducir la temperatura durante los meses más cálidos. Según las estimaciones del Ayuntamiento de París, basadas en otros bosques urbanos ya implantados en la ciudad, estos espacios pueden rebajar hasta 4 ºC la temperatura ambiente en verano. 

La iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que también apuesta por ampliar los carriles bici, peatonalizar calles y reducir el espacio destinado al automóvil, y que pretende, además, disminuir tanto las emisiones como el calor generado por el tráfico. 

 

parte2

Barcelona (España): refugios climáticos a menos de diez minutos 

Barcelona lleva años replanteando su modelo urbano y sus conocidas “supermanzanas”, que reorganizan el tráfico para devolver el espacio a las personas, han permitido más zonas verdes y lugares de encuentro en barrios antes dominados por los coches.  

A esta transformación se suma una extensa red de refugios climáticos, formada por bibliotecas, escuelas, museos, centros cívicos y otros equipamientos públicos donde cualquier persona puede encontrar un consuelo durante los episodios de calor extremo. En la actualidad, la ciudad cuenta con más de 500 refugios climáticos y se estima que más del 99% de la población dispone de uno a menos de diez minutos a pie de su domicilio. Estas medidas son especialmente relevantes para colectivos vulnerables como personas en situación de pobreza energética.  

 

parte3

Copenhague (Dinamarca): parques que también protegen de las tormentas

En Copenhague, un parque puede ser mucho más que un lugar para pasear. El histórico Enghaveparken, que ha sido rediseñado para almacenar el equivalente a diez piscinas olímpicas de agua de lluvia durante episodios de precipitaciones intensas, es el perfecto ejemplo de ello. Canales, estanques y un muro de agua de 500 metros permiten que este espacio actúe como una “esponja” capaz de absorber hasta 22.600 metros cúbicos de agua cuando llueve, lo que reduce drásticamente el riesgo de inundaciones. 

Cuando el cielo está despejado, el parque recupera su función habitual como espacio de convivencia, deporte y ocio. Una misma infraestructura, así, ofrece soluciones frente a dos de los principales efectos del cambio climático: las lluvias torrenciales y el calor extremo. 

parte4

Medellín (Colombia): corredores verdes para enfriar la ciudad 

En 2016, Medellín puso en marcha uno de los proyectos de infraestructura verde más reconocidos del mundo. Su red de más de 30 corredores verdes conecta avenidas, parques, jardines verticales, cauces fluviales y laderas con un doble objetivo: combatir la contaminación del aire y reducir las altas temperaturas que cada año afectaban con mayor intensidad a la ciudad.  

La intervención arrancó con la plantación inicial de 12.000 árboles y 100.000 plantas, una estrategia que con los años se amplió hasta integrar millones de ejemplares por toda la urbe. Además de transformar el paisaje urbano y mejorar la calidad del aire, esta red ha logrado reducir la temperatura media de la ciudad en más de 2 ºC, convirtiendo el espacio público en un entorno más fresco y habitable.  

parte5

Ahmedabad (India): el sencillo poder de un tejado blanco 

Tras la devastadora ola de calor de 2010, Ahmedabad desarrolló en 2013 el primer Plan de Acción frente al Calor (Heat Action Plan) de Asia. El programa combina sistemas de alerta temprana, campañas de información y medidas específicas para proteger a la población más vulnerable. 

Entre las soluciones más sencillas destaca, precisamente, una de las más eficaces: pintar los tejados de blanco o aplicar revestimientos reflectantes y aislantes. En una ciudad donde el interior de algunas viviendas puede alcanzar los 45 ºC, y los techos de chapa o cemento recalientan los hogares, esta técnica reduce drásticamente la absorción de calor. El resultado es una bajada de entre 2 y 5 ºC en el interior de las viviendas sin necesidad de grandes inversiones ni un elevado consumo energético.  

parte6

Singapur: una ciudad que decidió crecer entre jardines 

Desde hace décadas, Singapur desarrolla una ambiciosa estrategia para convertirse en una “ciudad dentro de un jardín”, integrando la naturaleza como parte de su planificación urbana. Su proyecto más emblemático son los Gardens by the Bay, un parque de 101 hectáreas que alberga más de un millón de plantas. Allí destacan los conocidos “superárboles”, estructuras de hasta 50 metros de altura cubiertas de vegetación y equipadas con paneles solares que combinan innovación tecnológica y biodiversidad. 

La estrategia de Singapur va más allá de estos icónicos parques: mediante normativas urbanísticas, la ciudad exige que los nuevos rascacielos repongan en sus fachadas y azoteas el 100% de la masa vegetal que ocupaban en el suelo antes de su construcción. Este modelo demuestra que naturaleza y desarrollo urbano no solo pueden convivir, sino también potenciarse mutuamente.  

parte7

Seúl (Corea del Sur): devolver un río a la ciudad 

Durante décadas, el arroyo Cheonggyecheon permaneció oculto bajo una autopista que atravesaba el centro de Seúl. En 2003, el gobierno surcoreano inició un ambicioso proyecto para desmontar esa infraestructura y recuperar el cauce original. 

Hoy, casi seis kilómetros de río discurren de nuevo al aire libre convertidos en un corredor verde con vegetación, senderos y puentes. La intervención no solo transformó el paisaje urbano y la biodiversidad local, sino que logró reducir la temperatura en la zona circundante hasta 3,3 ºC en comparación con otras áreas asfaltadas de la metrópoli. La recuperación de Cheonggyecheon es un referente global de cómo renaturalizar el espacio público puede devolver la vida a una ciudad.  

Las soluciones no son idénticas porque tampoco lo son las ciudades. Algunas plantan bosques urbanos; otras recuperan ríos, crean refugios climáticos o convierten sus parques en infraestructuras capaces de gestionar el agua de lluvia. Pero todas parten de una misma evidencia respaldada por la ciencia: el calor extremo ya forma parte de nuestra realidad y adaptarse no es una opción, sino una necesidad. 

Cada árbol que da sombra, cada plaza que sustituye el hormigón por vegetación o cada edificio preparado para ofrecer refugio durante una ola de calor representa mucho más que una mejora urbana. Es una inversión en salud, bienestar y resiliencia. En un mundo cada vez más cálido, estas ciudades demuestran que el urbanismo también puede ser una de las herramientas más poderosas para proteger la vida.  

 

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