Zrariyeh, el centro de salud en el sur del Líbano que no se apaga y se ha convertido en una referencia - Ahora
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Cuando la electricidad desapareció por completo, los generadores se quedaron sin combustible y los pacientes siguieron llegando, todo parecía indicar que el centro de salud de Zrariyeh tendría que cerrar. “Pensé que no podríamos continuar”, recuerda Mona, enfermera del centro desde 2019. “Pero el día que los paneles solares empezaron a funcionar, sentí que el centro volvía a respirar”. Hoy, gracias a esa energía y al compromiso humano que la sostiene, Mona puede vacunar a un niño o asistir un parto sin miedo a que la luz se corte en mitad del procedimiento.
La historia del centro de atención primaria de Zrariyeh, en el sur del Líbano, es la de una resistencia silenciosa frente a la crisis, el conflicto armado y el colapso del sistema sanitario. Desde hace más de seis años, la Cruz Roja Libanesa, con el apoyo constante de Cruz Roja Española y la financiación de la Generalitat Valenciana, ha convertido este pequeño centro en un referente de atención médica, psicosocial y comunitaria para miles de personas libanesas, refugiadas y desplazadas.
De la rehabilitación a la referencia sanitaria
Los primeros apoyos, en 2019, permitieron rehabilitar el edificio, reabrir consultas médicas y poner en marcha una farmacia social. Con el tiempo, y gracias a la continuidad de los apoyos de la Generalitat Valenciana, el centro incorporó médicos y enfermeras con perfiles adaptados a las necesidades del entorno, equipamiento médico, servicios de laboratorio y fisioterapia, además de reforzar la atención psicológica. La llegada de los paneles solares supuso un antes y un después: la luz volvió a los pasillos en un país donde los apagones se convirtieron en rutina.
A medida que el Líbano se hundía en una crisis económica sin precedentes y la sanidad pública se volvía inaccesible para muchas familias, Zrariyeh se transformó en un refugio sanitario. Hasta allí llegaban personas libanesas, refugiadas sirias y palestinas desde aldeas lejanas, buscando atención médica que ya no podían costear.

Las huellas de la guerra
En el otoño de 2024, el conflicto regresó al sur. Un cohete cayó en un edificio colindante; no explotó, pero días después nuevas detonaciones rompieron cristales y dañaron parte de los paneles solares. El personal siguió atendiendo mientras pudo, hasta que el riesgo fue demasiado alto. “Cerrar fue una de las decisiones más duras”, explica Hassan, coordinador médico de la Cruz Roja Libanesa en el sur. “Significaba dejar a la gente sin el único lugar donde se sentía segura, pero quedarnos habría puesto en peligro nuestras vidas”.
El cierre no supuso el abandono. Las clínicas móviles de la Cruz Roja se desplegaron por las aldeas cercanas para atender a las familias desplazadas, repartir medicación y ofrecer apoyo psicológico. Cuando cesaron los bombardeos, el equipo regresó: limpió, reparó y reabrió. Las huellas de la guerra siguen visibles en el edificio; la voluntad de seguir cuidando, también.
Las huellas de la guerra siguen visibles en el edificio; la voluntad de seguir cuidando, también.
Un centro que renace con energía propia
Hoy, en el marco de este proyecto, la prioridad es asegurar la sostenibilidad del centro y su integración en el sistema público de salud libanés. El proceso de acreditación oficial por parte del Ministerio de Salud Pública permitirá acceder a medicamentos, formación y apoyo institucional.
La ampliación del sistema fotovoltaico ha convertido a Zrariyeh en uno de los pocos centros del sur del país que funciona al 100 % con energía solar, garantizando la cadena de frío de las vacunas, el funcionamiento del laboratorio y la esterilización del material incluso durante los apagones diarios. Al mismo tiempo, se han reforzado los servicios de salud mental y apoyo psicosocial, especialmente para mujeres, adolescentes y personas desplazadas, y se ha reactivado la fisioterapia. Voluntarios comunitarios impulsan además actividades de promoción de la salud en escuelas y pueblos cercanos.
“Aquí siempre me atienden con respeto”
Desde su reapertura, el centro ha realizado más de 50.000 consultas médicas, dispensado miles de tratamientos y ofrecido cientos de sesiones de apoyo psicológico. El 60 % de las personas atendidas son mujeres.
Aisha, refugiada siria de 42 años con diabetes, viaja desde un pueblo vecino para recibir atención. “Aquí siempre me atienden con respeto”, cuenta. “En otros lugares me miran como si no existiera. Aquí el médico me explica y la enfermera me escucha. Por eso confío en la Cruz Roja”. Durante el cierre por la guerra, fue atendida por la clínica móvil. “Aquella visita significó más que un tratamiento: significó que no nos habían olvidado”.
Más que un centro de salud
Zrariyeh es hoy un modelo de atención primaria que combina accesibilidad, calidad, sostenibilidad y confianza comunitaria. Los servicios son gratuitos y abiertos a todos, sin distinción. El personal forma parte de una estructura estable de la Cruz Roja Libanesa, garantizando continuidad más allá de los proyectos. Además, la implicación de la comunidad ha sido clave: profesionales locales han donado equipos, familias han colaborado en reparaciones y comerciantes han ayudado a mantener el centro abierto en los momentos más difíciles.
Para Cruz Roja Española, este proyecto simboliza un compromiso a largo plazo. “El apoyo de la Generalitat no solo ha financiado servicios médicos”, subraya Hassan. “Ha generado confianza, independencia y esperanza. Cuando una comunidad siente que un centro le pertenece, el impacto se multiplica”, afirma.
Mientras avanza el proceso de acreditación, el centro de Zrariyeh sigue funcionando, incluso cuando fuera todo se apaga. “Todo empezó con una bombilla que volvía a encenderse”, sonríe Mona. “Ahora, aunque falte la luz, el centro brilla por sí solo”, concluye.
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